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Hall-Tonna

Modelo axiológico de Hall-Tonna.

En referencia a la teoría de valores de Brian Hall y Benjamin Tonna. Se trata de un modelo para el estudio de los valores, aplicado al diagnóstico y asesoramiento basado en valores o “coaching axiológico”. Aplicable a individuos, grupos y organizaciones.

Teorías axiológicas. El modelo Hall-Tonna

En artículos anteriores ya hicimos algún acercamiento a la evolución del concepto “valor”. E hicimos mención a la Teoría de valores humanos de Schwartz y el Modelo axiológico de Hall-Tonna como metodologías integrales y validadas para el trabajo con valores. Ambos modelos los definen de manera concreta y otorgándoles un significado comprensible. Ambos proponen una clasificación de valores que explica la relación dinámica entre ellos y facilita su comprensión dentro del marco del desarrollo humano. 

Sus respectivas metodologías e instrumentos constituyen herramientas consolidadas para la identificación y medición de valores humanos. Aunque, en el caso del Hall-Tonna resultan más difíciles su comprensión y aplicación en el aula con menores. En cambio, el modelo de Schwartz dispone de un instrumento de más sencilla aplicación y adaptado a edades menores, aunque proporciona una información bastante más limitada.

En el contexto español son numerosas las investigaciones que han respaldado la utilidad de uno y otro modelo a la hora de identificar los valores en una estructura teóricamente fundamentada y que favorece el posterior trabajo con los mismos. Incluso que han respaldado la complementariedad entre ambos modelos (1).

Naturaleza de los valores

Ambos modelos coinciden en conceptualizar los valores como guías que orientan la vida de las personas y que se reflejan en su comportamiento. Schwartz, siguiendo a Rokeach y desde una perspectiva sociocognitiva, prioriza el carácter subjetivo de los valores. Los presenta como representaciones internas del sujeto inherentes a tres tipos de necesidades universales básicas: biológicas, de interacción social y de supervivencia y bienestar del grupo. Hall subraya que los valores establecen en cada persona la conexión entre los mundos interior y exterior, pues ambos constituyen la realidad, reconociendo así la doble naturaleza subjetiva y objetiva de los valores.

Ambos reconocen la universalidad de los valores humanos y han sido comprobados en diversos contextos transculturales. Aunque, para ello, parten de distintas bases: Schwartz reconoce 10 “tipos motivacionales” o categorías axiológicas, a partir de 3 necesidades universales básicas. Hall y Tonna entienden que los valores corresponden a experiencias universales expresadas emocionalmente a través del lenguaje. Experiencias que ellos recogieron en 125 palabras-valor que llegaron a identificar a lo largo de 30 años de investigación.

El modelo de Hall-Tonna

Brian Hall y Benjamin Tonna ofrecen un modelo teórico completo sobre los valores en relación con el desarrollo humano: Desarrollo evolutivo, moral y de la conciencia. Un modelo empíricamente validado: Universidad de San Francisco y luego la American Psychological Association. Y en España, por la Universidad de Deusto (2). Constituye un modelo de valores integrador, de corte evolutivo, dinámico y sistémico, Evolucionado a partir de modelos anteriores que intentaron dar explicación a qué son los valores y cómo influyen en la conducta humana. Construido bajo la influencia de hasta 47 teorías de desarrollo:

  • Desde las fuentes clásicas aristotélicas, más próximas a las Virtudes
  • Hasta el pensamiento de Freireque vincula de forma dinámica lenguaje con desarrollo cultural, social e institucional
  • Y con especial fundamento en los respectivos modelos de Maslow y de Rokeach, que coinciden en considerar ambas dimensiones -objetiva y subjetiva- como parte de una misma y compleja realidad.

Hall y Tonna enfocaron el tema de los valores desde una perspectiva sociológico-experimental. Describiendo la realidad, pero no estableciendo juicios sobre la calificación de ésta. Propusieron la existencia de 125 valores que se dividen en dos tipos:

  • Valores meta: Describen ideales y fines, orientan y sostienen las actitudes. Nos impulsan y animan, son nuestros objetivos finales en la vida.
  • Valores medio: Reflejan y traducen los “meta” a códigos normativos y de conducta. Están vinculados a destrezas, capacidades y competencias.

De valores a comportamientos

La combinación de estos valores y la priorización de unos u otros determinará la conducta humana. Desde esta perspectiva es primordial entender la relación entre valores y conductas: Cada conducta es  manifestación de diversos valores que influyen significativamente en nuestra vida diaria. Según el modo en que cada uno, en cada momento, establece su orden de prioridades, surgen combinaciones. Tales combinaciones reflejan nuestra personal forma de ver el mundo y determinan nuestras actitudes ante él.

Los valores no son sólo los que se declaran verbalmente, sino aquellos que están en la base de las preocupaciones o necesidades de la persona, grupo o institución. Así se traducen en conductas y cada comportamiento es manifestación de la interacción de múltiples valores.

Hall-Tonna
Ilustradora: Rosamariposa. En: Blog Monigotes para pensar

Jerarquías y mapas de valores

Hall y Tonna, alineados con Maslow y Rokeach, exponen que las diferencias de comportamiento entre las personas vienen determinadas por su distinta selección y priorización de valores. Para ellos los valores no tienen sentido aislados con independencia unos de otros, sino en lógica subordinación. Hacen referencia a una mayor o menor importancia en la apreciación del sujeto que los descubre, ordenándolos en una jerarquía o escala interior que va a constituirse en guía de su conducta. Así dan lugar a perfiles únicos que pueden determinarse en “mapas axiológicos” concretos. En estos mapas no existen “valores malos” o “negativos” o contravalores, sino presencia o ausencia de valores y jerarquización entre ellos.

Probablemente no tenemos capacidad para atender a más de 10 prioridades en cada momento dado de nuestras vidas. Incluso dos personas, grupos o instituciones con los mismos diez valores, pueden manifestar conductas diferentes según cómo manifiesten sus prioridades. De acuerdo con el modo en que cada cual -individuo o grupo- establece sus prioridades de valor, surgen combinaciones únicas que reflejan su forma actual de ver el mundo y determinan sus actitudes.

Diagnóstico de valores

En cada persona los valores van cambiando a lo largo de la vida en un proceso dinámico y sistémico, influidos por las distintas situaciones y experiencias vividas. Así se establece una relación dinámica entre los valores y el desarrollo humano. De manera que, una vez identificados, pueden relacionarse de forma específica con el equilibrio y las etapas de madurez de la persona, grupo u organización.

Esta posibilidad de identificar y “medir” los valores es una aportación fundamental del modelo, que la entiende principalmente como parte de un proceso evolutivo de toma de conciencia, y de búsqueda de sentido o significado.

Pues, como dijera Brian Hall:

“Los valores se pueden elegir de manera consciente, pueden ser medidos y pueden convertirse en una herramienta que nos permita elegir nuevas aspiraciones para el  futuro, en lugar de vivir nuestras vidas bajo la directiva de otras personas.”

Esta metodología puede aplicarse también en las organizaciones. De hecho cuenta con una significativa experiencia de aplicación en instituciones educativas y organizaciones sociales. Así pueden llegar a entender los valores colectivos de sus miembros, personal y equipos directivos, y de la propia entidad. Pueden analizar sus prioridades y desarrollar planes de acción encaminados a la mejora continua y el desarrollo de liderazgo.

De esta forma el trabajo sobre valores se transforma en una herramienta psico-educativa mediante la cual las personas y las organizaciones obtienen una nueva perspectiva que les ayuda a desarrollar su potencial y resolver sus problemas.


(1) KORRES O., ELEXPURU I. La medición e identificación de valores: complementariedad entre los modelos de Schwartz y Hall-Tonna. Rev. Int. de Educación y Aprendizaje, Vol 3, Nº 1, 2015.

(2) ELEXPURU, I. Y MEDRANO, C. (2001) Desarrollo de los Valores en las instituciones educativas. Secret. Gral. del MECD y Ed. Mensajero. Disponible en https://goo.gl/TY09bf

Valores: Del concepto a los métodos

Un valor es una convicción o creencia estable en el tiempo de que un determinado modo de conducta o una finalidad existencial es personal o socialmente preferible a su modo opuesto de conducta o finalidad (Milton Rokeach)

Valor es una meta transituacional deseable, variable en importancia, que sirve como guía o principio en la vida de una persona u otra entidad social (Shalom H. Schwartz)

Ideales que dan forma y significado a nuestras vidas. Se manifiestan en las prioridades que elegimos, las decisiones que tomamos y las acciones que emprendemos. (Brian P. Hall)

Pero… ¿qué son los valores?

Podríamos llenar páginas y páginas con definiciones como éstas acerca de los valores. Con diferentes puntos de vista, más bien complementarios que contrapuestos. En definitiva, ha habido y hay visiones diversas pero complementarias del concepto valor: creencias, pautas, criterios, metas, esencias, ideales… Porque el mejor acercamiento a éste, como a tantos otros fenómenos humanos, surge de integrar diferentes perspectivas. Como en aquella parábola hindú de Los ciegos y el elefante, que relataba cómo para identificar al elefante era necesario sumar las percepciones parciales de cada uno de los ciegos, que lo reconocían como un tronco, un muro, una serpiente, etc.

ciegos y elefante
Illustrator unknown – From Charles Maurice Stebbins & Mary H. Coolidge, Golden Treasury Readers: Primer, American Book Co. (New York), p. 89., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4581171

 

Y es que, como indicaba López Quintás (1):

Los valores son vertientes de la realidad ambigüas por naturaleza, carentes de contornos definidos, rebosantes de dimensiones y, como tales, muy difíciles de reducir a un estudio analítico preciso y riguroso.

Pero, como ya expusimos en un artículo anterior, en el fondo late una vieja dialéctica de la Axiología, sobre si los valores son algo objetivo o subjetivo. 

Del concepto a las teorías

La diferencia entre valores deseados por la persona (subjetivos) y valores deseables (objetivos) no es una simple cuestión de matiz, sino de fondo. A lo largo de la historia contemporánea han sido muchos los autores que, a falta de una teoría definida y una metodología adecuada, han hecho pendular entre objetivismo y subjetivismo. Y aún hoy, ante el objetivismo tradicional más reduccionista y el subjetivismo radical más relativista, hemos de estar alerta. Si no, podrían conducirnos a metodologías ineficaces y con el riesgo mayor de acabar al servicio de presiones ideológicas.

Como consecuencia, la descripción de teorías de desarrollo moral muestra un conflicto entre dos posiciones. La primera, la educación del carácter, postula la enseñanza/aprendizaje de unos valores concretos, considerados básicos para la convivencia en las sociedades modernas. La segunda, prima el desarrollo del juicio moral y no está de acuerdo con enseñar unos valores concretos. Ésta propone que en los primeros años, en la niñez, y a aquellas personas que no hayan desarrollado su pensamiento abstracto o lógico, es más adecuado educarles dentro de un código moral o valores concretos del contexto al que pertenezcan. Más tarde en la adolescencia, cuando los sujetos ya poseen un pensamiento lógico elaborado, se pueden utilizar otras estrategias y técnicas. Lo más interesante de estos planteamientos, para quienes trabajamos desde una perspectiva educativa, es la necesidad de integrarlos, nuevamente, en lugar de analizarlos como modelos o enfoques contrapuestos.

valores teorías

¿Que son valores para nosotros?

Desde nuestra perspectiva psico-educativa los valores son referentes valiosos para las personas, que ofrecen significado a sus vidas y se convierten en motores del comportamiento. Engloban ideales, intereses, motivaciones y necesidades que rigen la vida y la conducta. Siempre hay valores actuando en la vida de cada persona. Es importante identificarlos para poder intervenir en su desarrollo. Constituyen la base que da significado, impulsa y motiva nuestro desarrollo personal. Y también el de las organizaciones.

No creemos que existan valores “malos” o negativos, esos llamados contravalores. Más bien debiéramos hablar de la presencia o ausencia de uno u otro valor y la jerarquización entre ellos. El propio Scheler, probable creador del término “contravalor”, lo desechó posteriormente. ¿Acaso creemos que alguien pueda tener como ideales de su vida la In-Justicia, la I-Responsabilidad o la Des-Igualdad? Cosa bien distinta es que haya personas que no incluyan en su “lista de valores” alguno/os de estos tres: Justicia, Responsabilidad, Igualdad. O que los tengan subordinados a otros valores bastante menos prosociales, como pudieran ser: Seguridad, Economía o Placer sensorial.

Valores, jerarquía y conducta

Así entendidos, los valores no son sólo los que se declaran verbalmente, sino aquellos que están en la base de las preocupaciones e intereses, necesidades y aspiraciones. La combinación de éstos y la priorización de unos u otros determina la conducta del individuo. Cada conducta es manifestación de diversos valores, que influyen significativamente en nuestra vida diaria. Según el modo en que cada uno, en cada momento, establece su orden de prioridades, surgen combinaciones que reflejan nuestra personal forma de ver el mundo y determinan nuestras actitudes ante él.

Probablemente no tenemos capacidad para atender a más de diez prioridades en cada momento dado de nuestras vidas. Incluso dos personas, grupos o instituciones con los mismos diez valores, pueden manifestar conductas diferentes según cómo manifiesten sus prioridades. De acuerdo con el modo en que cada cual -individuo o grupo- establece sus prioridades de valor, surgen combinaciones únicas que reflejan su forma actual de ver el mundo y determinan sus actitudes.

En cada persona los valores van cambiando a lo largo de la vida en un proceso dinámico y sistémico, influidos por las distintas situaciones y experiencias vividas. Así, se establece una relación dinámica entre los valores y el desarrollo humano; de manera que, una vez identificados, pueden relacionarse de forma específica con el equilibrio y las etapas de madurez de la persona, grupo u organización. Y, del mismo modo, también con los estadios de desarrollo de liderazgo.

De teorías a metodologías

Por todo esto nos parece tan importante poder contar con metodologías que incorporen ambas dimensiones: objetiva y subjetiva. Metodologías validadas e integradoras, construidas sobre el trabajo precedente de pensadores e investigadores. Con un enfoque comprensivo de una realidad que no es ambigua sino relacional (y por ello profundamente humana) para abordar la identificación y análisis de los valores. Creemos que eso hace posible trabajar con rigor profesional, sin sucumbir ante dogmatismos ni relativismos. Y nos enfoca al desarrollo (personal o colectivo) basado en los valores, con propuestas para la mejora continua y la transformación del individuo y de la sociedad.

Entre esas metodologías integrales y validadas hemos considerado que la Teoría de valores humanos de Schwartz y el Modelo axiológico de Hall-Tonna resultan de especial relevancia en el ámbito psico-educativo. Ambos modelos y sus respectivos instrumentos constituyen herramientas consolidadas para identificación y medición de valores humanos. Y favorecen el trabajo con valores, ya que los definen de manera concreta y otorgándoles un significado comprensible. Además, ambos proponen una clasificación de valores que explica la relación dinámica entre ellos y facilita su comprensión dentro del marco de desarrollo humano.

En el contexto español hay numerosas investigaciones que han respaldado la utilidad tanto del modelo de Schwartz como del de Hall-Tonna, incluso la complementariedad entre ambos (2), a la hora de identificar los valores en una estructura teóricamente fundamentada y que favorezca el posterior trabajo con los mismos. 


  1. López Quintás (1992) El conocimiento de los valores. Ed. Verbo Divino: Pamplona.
  2. Korres & I. Elexpuru. La medición e identificación de valores: complementariedad entre los modelos de Schwartz y Hall-Tonna. Rev. Int. Educación y Aprendizaje, vol 2, nº 2, 2014.

 

A continuación se puede ver una breve presentación sobre la evolución del concepto “valor”, extraída de nuestros materiales audiovisuales para la formación. En concreto, una secuencia acerca de la superación de la dialéctica entre subjetivismo y objetivismo axiológico:

Valores repudiados

valores repudiadosHace algún tiempo tuve una interesante experiencia de análisis de valores con un grupo de madres y padres de un prestigioso colegio de Sevilla. Una interesante experiencia para nosotros como consultores, y espero que también para ellos pues sus valoraciones fueron bastante favorables. Fue un trabajo con cierta profundidad, aunque limitado en el tiempo: dos tardes y unas tareas entre sesiones que incluían la realización individual y análisis del Inventario de Valores de Hall-Tonna.

Valores ausentes: las tres D

Entre los resultados y conclusiones, más allá del trabajo formativo y de diagnóstico grupal, hubo algo que nos llamó poderosamente la atención: En aquel grupo de padres y madres, pertenecientes a la burguesía sevillana, había sucedido algo muy similar a lo que antes pudimos observar en otra población bien distinta.

Aquella otra experiencia había sido con un grupo de 30 madres y padres de una pequeña localidad agrícola y artesana de la serranía de Cádiz. En uno y otro caso, con poblaciones bien distintas, un ejercicio estandarizado de“consenso de valores sobre nuestra familia ideal” había arrojado un conjunto bastante similar de 15 o 20 valores prioritarios, secuenciados en etapas madurativas. Y, para completar el patrón, también ambos grupos coincidieron en la ausencia, en sus elecciones explícitas, de ciertos valores que responden a necesidades relacionadas con el dinero, la disciplina y el deber.

Esto no es tan sorprendente, si bien creo que merece esta referencia. Como también mereció la mención explícita y reflexión ante aquellos padres y madres participantes.

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

CONGRUENCIA = Expresar sentimientos y pensamientos de manera que lo que uno siente internamente sea lo mismo que lo que comunica externamente.

ECONOMÍA (Beneficio) = Asegurar ganancias económicas para sentirse seguro y respetado, estableciendo una base sólida para el futuro.

CONTROL-ORDEN-DISCIPLINA = Tener pautas que permitan comportarse de acuerdo con las normas establecidas.

DEBER-OBLIGACIÓN = Seguir las costumbres y normas establecidas, con respeto a los otros y con sentido de responsabilidad hacia los códigos institucionales.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002), Universidad de Deusto] 


 

¿Valores “negativos” o negados?

Una vez más se nos ponía en evidencia cierta disposición cuasi universal a silenciar determinados valores. Valores que son referidos como menores o secundarios, anticuados o incluso “negativos”. Y esto es así -qué duda cabe- por alguna influencia ideológica, constitutiva de lo que solemos llamar “lo políticamente correcto”. En un artículo anterior ya referimos esta frase de Beatriz Villacañas:

“Para conocer  a fondo una época  es necesario un estudio de las palabras que santifica y de las palabras que demoniza”.

Entonces hablábamos de palabras santificadas o palabras-mito; hoy nos referimos a palabras-valor demonizadas: valores repudiados.

Porque lo más llamativo y que nos movió a la confrontación y a un rico debate con el grupo del colegio sevillano vino después. Al comparar este perfil de grupo, resultante del ejercicio de consenso, con las conclusiones del análisis de los inventarios individuales de valores que, entre sesiones, ellos mismos habían realizado. Resultó que esos tres mismos valores -llamémoslos Dinero, Deber y Disciplina, las “tres D”- sí se encontraban, de forma muy significativa, entre las prioridades de la mayoría de sus listas de valores individuales. Esto es: se evidenciaba una notable incongruencia entre la ausencia de estas “tres D” cuando preguntamos explícita y públicamente por ellos como palabras-valor, frente a su notoria presencia cuando los mismos sujetos, de modo individual y anónimo, eligen y priorizan sus ideales y patrones de conducta más implícitos, proyectados en el repertorio de 125 ítems del Inventario de Valores Hall-Tonna.

Cuestión de congruencia

No estábamos allí, ni aquí, para juzgar esa incongruencia. Pero quizás, como padres y educadores, debiéramos preguntarnos si esa brecha, entre necesidades sentidas implícitas y valores repudiados explícitamente, no tendrá consecuencias sobre nuestras estrategias educativas. Y, particularmente, sobre la inalienable función socializadora de nuestra institución familiar (y, quizás, igualmente, de otras de nuestras instituciones, tan importantes como la Escuela).

¿Por qué no reconocer que la economía, el orden y la norma también forman parte de los cimientos para un clima familiar que proporcione seguridad a los miembros y les ayude a construir su presente y futura autonomía

¿Acaso no es preferible tratar explícitamente acerca del dinero o el deber, sin ocultarlos bajo fundamentalismos morales o seudo-progresistas, advirtiendo -como con cualquiera otro valor- sobre sus riesgos de sobrevaloración? Lo ilustró el filósofo José Antonio Marina, refiriéndose al valor Economía, con esta rotunda frase:

“El dinero es un instrumento que puede tener un uso noble o un uso canalla”  

Porque no es sólo la elección de valores, sino su orden de prioridad y las asociaciones entre ellos, lo que más determina su repercusión sobre nuestras conductas.

Conclusión

¿Qué calidad de socialización cabe esperar en los menores, si quienes les educamos llegásemos a repudiar expresamente ciertos valores que, sin embargo, están en nuestra base? Pensemos en otras palabras-valor como Autocontrol, Deber, Esfuerzo, Responsabilidad… Valores que hoy vemos ya tan mal considerados que incluso padres/madres y docentes prefieren silenciarlos. Aun cuando la evidencia nos muestra que ello va en contra de sus necesidades sentidas, en contra de sus propias prioridades implícitas.

Yo al menos saqué una lección (además de la de trabajar todo esto con aquellas familias): menos santificar y demonizar palabras; menos mitificar y repudiar valores. Aunque sólo sea por simple coherencia entre lo que sentimos y lo que expresamos. Porque, entre otras razones, sin esta congruencia difícilmente educaremos bien.

Palabras-valor y palabras-mito

“Una de las características de nuestro tiempo es la tendencia, sin duda programada, a llenar de contenido absoluto ciertas palabras cuyo sentido, positivo o negativo, depende en gran medida de las circunstancias… Para conocer  a fondo una época  es necesario un estudio de las palabras que santifica y de las palabras que demoniza”  (B. Villacañas)

palabras-valor calle

Palabras-valor

Asistía a una conferencia de Federico Mayor Zaragoza (científico y político español, Director General de la UNESCO entre 1987-1999) y me resonó particularmente una idea: Estamos en una transición global en la que la fuerza de la ideología debe dejar paso a la fuerza de la palabra.

Yo estoy profundamente convencido del sentido y vigencia de las palabras-valor. Valores expresados a través de palabras con profunda carga emocional, palabras motivadoras y que amplían la conciencia. Así lo aprendimos con Freire y su palabra generadora, y es fundamento del marco epistemológico en que mejor me apoyo para hablar de valores: el modelo Hall-Tonna.

Pero, desafortunadamente, hace tiempo que el sectarismo ideológico contamina nuestro lenguaje con el germen de “lo políticamente correcto”. Y así llena sus discursos, sus enseñanzas, hasta sus leyes, de palabras que algún día significaron algún valor pero hoy apenas sabemos lo que significan, fruto de su abuso, sobrevaloración o tergiversación. Palabras manipuladas, al fin y al cabo, por eso que llaman “el poder ideológico”.

Palabras-mito

De este modo hemos llegado a perder el profundo significado de palabras como Solidaridad o Paz, tan sobadas en mítines y escuelas, en programas electorales y currículos educativos, que  conseguimos ablandarlas y vaciarlas de contenido auténtico. Por lo que ya apenas nos promueven emoción ni nos proporcionan Sentido.

Así también llegamos a experimentar la hipertrofia permanente de eso que llaman Tolerancia. Un valor que elevamos a primer orden en nuestra coyuntura histórica de la Transición, algo entonces incuestionable; pero que no hemos sabido reubicar en los márgenes, más ajustados, de la riqueza de la DiversidadComo dice Villacañas: “Vivimos en tiempos de tolerancia obligatoria” cuando “hay tantas cosas que son intolerables”.

Otro procedimiento por el que palabras-valor se nos convierten en palabras-mito, vacías de sentido, es  la manipulación de unas jerarquías de valores pretendidamente incuestionables. Jerarquías en las que unos destacan obligadamente la Seguridad, otros la Libertad y otros (u otras) la Igualdad. Y… ¡ay de quien ose contradecirles! Hemiplejía moral atinó a llamarlo Ortega y Gasset.

Los mitos no educan

Pero no se construye la Paz hablando constantemente de esa paz grandilocuente que no parece ser más que Equilibrio, apenas un orden sin conflicto armado… Ni se educa para la Solidaridad manoseando continuamente el término, cual si creyéramos que resulta igualmente significativo para el preescolar que para el universitario. Son muchos los valores intermedios, instrumentales, valores auténticos y secuenciados que, adecuados a cada persona y en cada momento de su necesidad y madurez, se convierten en potentes motivadores: Respeto, Cuidado, Generosidad, Empatía, Colaboración, Equidad, Justicia, Dignidad… Son valores más pegados al terreno, realmente vinculados a la acción, que etapa a etapa, fase a fase, contribuyen eficazmente a ampliar la conciencia del individuo y a forjar con él y en su entorno esos grandes ideales de Paz y Solidaridad.

Aquí muestro, a modo ilustrativo, una propuesta para el desarrollo de valores, secuenciados por etapas evolutivas, en torno a estas dos grandes (y, por lo mismo, complejas y abstractas) categorías de valores: Paz y Solidaridad. Se trata de un mapa axiológico que, partiendo del mencionado Modelo Hall-Tonna, ofrece unos itinerarios de valores que, a mi entender, facilitan un auténtico proceso de educación o mejora personal. Y así lo hemos utilizado en diversas actuaciones con educadores (docentes, técnicos, padres y madres) en claves de coaching educativo:

 

Mejor con coherencia

Claro está que, para promover esos itinerarios, quien propone los valores –sea político, asesor, intelectual o educador- debe ser alguien convencido y dispuesto a ejercitarlos; como diría Freire, dispuesto a “corporeizar las palabras con el ejemplo”. Y, desafortunadamente, no es esto lo que más a menudo nos encontramos.

palabras-valor jardín

Yo recuerdo una anécdota personal de hace unos años, tan sencilla como impactante fue para mí:

Era sábado por la mañana. Volvíamos mi esposa y yo de hacer la compra semanal en el mercado. Yo empujaba el carrito de la compra, recién repleto. Al llegar a un estrechamiento de la acera, un grupo de 5 o 6 personas charlaban distraídamente ante la puerta de una clínica, bloqueándonos el paso. Un hombre con muletas acababa de dar un rodeo para poder entrar al centro sanitario; ahora una joven con un cochecito de bebé optaba por bajar dificultosamente a la calzada para poder seguir adelante, si bien pasó a mi lado murmurando acerca del grupo en cuestión, que seguía indiferente.

Yo no quise ser uno más en ceder y luego murmurar, así que decidí seguir por la acera reclamando asertivamente mi espacio de paso. No pretendí hacerlo con acritud, pero mi malestar fue en aumento cuando, mientras pasaba entre ellos, llegué a oír su conversación: El grupo estaba hablando acaloradamente acerca de la falta de solidaridad que percibían en una propuesta del gobierno… Era evidente que ni se les pasaba por la cabeza que ellos, en lo más fácil y próximo, no aplicaban solidaridad, ni siquiera empatía. Como dijo Eric Hoffer:

“Es más fácil amar a la humanidad en general que a tu vecino”.

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

CONGRUENCIA = Expresar sentimientos y pensamientos de manera que lo que uno siente internamente sea lo mismo que lo que comunica externamente.

PALABRA = Comunicar verdades universales con tal claridad que el que escucha se haga consciente de sus limitaciones y experimente un nuevo sentido de sí mismo.

BÚSQUEDA DE SENTIDO (Esperanza) = Buscar y descubrir la propia individualidad y el sentido de la propia existencia. 

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002), Universidad de Deusto] 


 

Sin coherencia no hay Sentido

Dijo Freire que “la palabra verdadera transforma al mundo”. Pero también que “no hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre reflexión y acción”. Si en las supuestas palabras-valor no late la emoción, nos faltará el Sentido; pero si además falla la congruencia en la conducta –la acción– es que nunca hubo valor, tan sólo palabras.

Porque la coherencia no suele ser nuestro principal distintivo. Y porque las palabras-valor se nos han vuelto palabras-mito. Por eso propongo que para educar en valores deberíamos consensuar algunos itinerarios de valores operativos, con más congruencia y menos grandilocuencia. Valores (palabras-valor) más pegados al terreno, más vinculados a la acción, y menos influenciados por unos poderes ideológicos que siempre serán pasajeros.

Porque los Valores son nuestros horizontes de referencia, para el individuo y para la comunidad. Y parafraseando a Galeano: el horizonte sirve… para seguir caminando. Valores para que nuestro andar por este mundo tenga Sentido.

In memoriam: Brian Hall

brianPalabra de Brian

Creo que fue en 1996 cuando, en la Universidad de Deusto, conocí a Brian Hall. Fue en un curso sobre su metodología de Valores (Values Technology) aplicada al tratamiento de drogodependientes y el desarrollo de equipos de terapeutas.

Me impactó esa metodología. Pero más me impactó Brian: su carisma, su intuición, su Presencia y su Palabra. Descubriéndome, en breves momentos, bloqueos internos y conflictos institucionales, como si de un gurú se tratase.


TECNOLOGÍA DE VALORES

PRESENCIA = Tener capacidad de estar con otra persona de manera que le permita reflexionar sobre sí misma, conscientemente y con claridad. Proviene de un conocimiento interno tan contagioso que invita al otro a alcanzar el mismo estado.

PALABRA = Comunicar verdades universales con tal claridad que el que escucha se haga consciente de sus limitaciones y experimente un nuevo sentido de sí mismo.

[definiciones cortas del modelo Hall-Tonna, adaptadas por Elexpuru, 2002, Universidad de Deusto]


In memoriam

Hoy, Brian, su cuerpo al menos, ya no está entre nosotros. Y yo quiero traerlo aquí con mi recuerdo personal en estas líneas. Nunca lo olvidé, aunque pasaron años hasta que al fin logré ser acreditado e incluido en su equipo mundial de consultores.

Nunca lo olvidaré. Porque pocos han tenido, como yo, la fortuna de conocer personalmente y tratar con un maestro como Brian P. Hall. Y aún menos hemos tenido el privilegio de estar entre sus últimos discípulos y recibir de él lecciones, orientaciones y valoraciones. Con prodigiosa lucidez aun en sus momentos de enfermedad avanzada. Doy gracias por ello, recordando en este día a Brian y esperando que, de algún modo, su espíritu siga iluminando nuestro camino personal y profesional.

El principio fue la Autoestima

No me resisto a compartir un par de párrafos, que he osado traducir, de su libro más difundido y representativo. En ellos Brian resumió espléndidamente y de modo vivencial su experiencia y descubrimiento de la importancia de las palabras-valor. Sirva este fragmento para difusión y humilde homenaje:

Extraido de: VALUES SHIFT. A guide to personal & organizational transformation.

En 1968 comencé en Costa Rica un trabajo que me condujo directamente a mi actual comprensión del extraordinario poder de ciertas palabras, unas palabras especiales que mis colegas y yo ahora llamamos “valores”. Fui destinado a trabajar en una pequeña misión en Barrio Cuba, habitado por casi 30.000 personas. La mayoría de ellas subsistía con apenas unos dólares a la semana, aunque en aquel momento el coste de la vida en Costa Rica superaba en un 30% al de Canadá o Estados Unidos.

Comencé a trabajar en el barrio con un modelo de desarrollo comunitario basado en valores, inspirado en el trabajo de Paulo Freire. Freire había descubierto que al enseñar a la gente a leer y escribir en su idioma mediante palabras con determinada carga emocional, no sólo adquirían habilidades lingüísticas sino que además tomaban conciencia del significado más profundo que tenían dichas palabras en su idioma. En palabras de Freire: “se concientizaban”. Lo que Freire había identificado era que ciertas palabras en el lenguaje son más importantes y poderosas que otras. Freire denominó “Palabra” al valor que hay tras este proceso, porque era una experiencia vivificante que hacía a los aprendices más conscientes de su propia opresión así como de su propio poder y potencial. En cierto sentido todos los seres humanos están oprimidos hasta que se hacen conscientes de su propio potencial creativo.

[…]

Llegados a tal punto, fuimos capaces de identificar esas dos experiencias con un término íntimamente relacionado con el hecho de ser humano: Autoestima. Este término se convertiría después en uno de los 125 valores de una exhaustiva lista que Benjamin Tonna y yo desarrollaríamos en los años siguientes…

Habíamos descubierto en esta simple palabra la experiencia de un valor fundamental en la vida de aquellas personas. La creación y desarrollo de una simple lista de palabras ocupó nuestra investigación durante los siguientes 12 años; palabras que en el lenguaje oral y escrito portan significados especiales que hacen a la gente “concienciada” o “consciente”. Esas son las que llamamos VALORES.

La ambigüedad del concepto Valor

¿De qué hablamos cuando hablamos de “valores”?

Identifique sus valoresCuando me implico en un diálogo o interacción de cualquier tipo en torno al concepto “valor” observo que raramente hablamos de un mismo asunto.

Sea en una reunión de amigos o en el ámbito profesional. Sea en un diálogo presencial o en un entorno virtual como las redes sociales. En todo caso resulta evidente que unos y otros nos referimos de forma bien diferente a ese objeto de conocimiento que denominamos valores.

Y lo más preocupante, según percibo, es que predominan posiciones extremas. Están los más piadosos, que abordan los valores como estrechamente unidos a las virtudes, como si nada hubiésemos aprendido desde Aristóteles. Y luego han llegado esos nuevos gestores y coachs, que cosifican los valores y los tratan como estrategias para la mejora de la producción. Acaso los confunden con aquellos otros valores económico-financieros o bursátiles… Por no hablar del uso que les dan los políticos, en los que cualquier manipulación desde el lenguaje ya apenas nos sorprende.

¿Qué dice la Filosofía?

Filosofía a la calle

En esos momentos -nunca pensé que diría esto- echo de menos a los filósofos. Sí, porque me pregunto qué dicen ellos hoy acerca de este asunto de los valores, tan específicamente humano. O peor: ¿por qué dicen tan poco? ¿Por qué parece que han dado la espalda a estas cuestiones, dejándolas confusas e imprecisas? Dejándolas al albur de lo que cada grupo ideológico o profesional quiera dar a entender o representar con “valor”.

Me viene a la mente (y recupero en una vieja ficha de lectura) un párrafo con el que ya hace un par de décadas nos alertaba López Quintás :

El conocimiento de los valores (1992)

Los valores son vertientes de la realidad ambiguas por naturaleza, carentes de contornos definidos, rebosantes de dimensiones y, como tales, muy difíciles de reducir a un estudio analítico preciso y riguroso. Si no se dispone de una idea clara acerca de los modos diversos de rigor y precisión intelectual que son posibles en el conocimiento de los diferentes modos de realidad, se corre el riesgo de pensar que es inviable el logro de un lenguaje filosófico suficientemente aquilatado acerca de los valores. De hecho, no es infrecuente que los pensadores, al tratar esta cuestión, utilicen modos expresivos más propios -a primera vista- de la creación poética o de la literatura piadosa que de una investigación filosófica.

La dialéctica

Y es que en el fondo de este asunto late una vieja dialéctica de la Axiología, entre objetivismo y subjetivismo. Un debate que resulta urgente revisar, dada la renovada referencia a los valores. En materias y entornos tan diversos, que van desde la Pedagogía a la Política, desde la Psicología al Management.

Hagamos un brevísimo recorrido histórico en torno a esta dialéctica sujeto-objeto. En la historia antigua (Platón, Aristóteles, La Escolástica) el estudio sobre lo que hoy llamamos “valores” se confunde con lo que se denominaban “virtudes”. Nada, por tanto, más claramente “objetivo”: Disposiciones de la persona para hacer el bien obrando de acuerdo a determinados ideales conforme a la razón natural o socialmente establecidos. En todo caso, llámense “virtudes” o “valores morales”, se trataba de un tipo específico de valor, no la generalidad de los valores.

Por contraposición, llegamos al subjetivismo axiológico clásico, a fines del XIX con Meinong y Efherels y sus dialécticas sobre el deseo y el agrado como fundamento del valor. 

Subjetivistas

Ya en el siglo XX, positivistas de la talla de Wittgenstein, Ayer o Russell, insistieron sobre el aspecto emocional como base de la valoración. Ellos concluyeron que los valores son circunstanciales, expresiones de sentimientos o deseos personales. Y eso los hace materia de la Psicología y la Sociología, no de la Ética. Tampoco desde el Existencialismo (Sartre) encontraban nada objetivo en los valores, sólo fruto de la libertad individual.

En los años 60, el Movimiento de Clarificación de Valores (Raths, Harmin & Simon) puso el énfasis en los valores como prioridades subjetivas elegidas personalmente. Metodológicamente se oponían a técnicas anteriores de inculcación de valores humanos, que consideraban adoctrinamiento. No estaban interesados en el contenido de los valores y en cuáles debe o no debe un niño elegir, sino más bien en el proceso de valoración en sí mismo. Para ello proponen criterios sobre cómo un individuo forma y elige un valor. Niegan que existan unos valores mejores que otros. Proponen que cada individuo es libre de elegir sus propios valores, cualesquiera que estos sean. Y hacerlo a través de un proceso esquematizado en: optar, preferir y adherirse a un sistema de valores. Sus técnicas, abundantemente utilizadas en medios educativos, han sido también cuestionadas por falta de objetivo. Incluso porque su aplicación indiscriminada pudiera alimentar un relativismo demoledor en la Ética.

Objetivismo

Por contra, también a mediados del siglo XX encontramos a Lawrence Kohlberg abanderando la propuesta y defensa del objetivismo axiológico. Antes había sido impulsado desde la Fenomenología como reacción a los positivismos. Kohlberg, discípulo y continuador de Piaget, fue gran impulsor de la educación moral, privilegiando el papel del juicio o razonamiento. El desarrollo cognitivo sobre el desarrollo moral. No cabe duda de sus grandes aportaciones, como el análisis de estándares objetivos y elecciones éticas en clave evolutiva. Hoy sigue influenciando, particularmente en ámbito educativo, el abordaje de los valores con conceptualizaciones y estrategias (dilemas morales…). No obstante, se le critica por reduccionista en su punto de partida. Y sus técnicas se consideran más próximas al dogmatismo y al adoctrinamiento que a un auténtico sentido del desarrollo.

Realidades inobjetivas

En conclusión: el objetivismo tradicional por reduccionista y el subjetivismo por relativista pueden conducir a metodologías ineficaces. Y con un riesgo mayor: acabar al servicio de presiones ideológicas. Y la falta de una metodología adecuada al objeto de conocimiento “valores”, hará pendular ineficazmente entre objetivismo y subjetivismo.

Pero en el fondo se halla una deficiencia importante, que viene marcando históricamente el abordaje de los valores. Precisamente por tratarse de una de esas realidades más específicamente humanas, de las que tanto hablaron Maslow y RogersRealidades vinculadas a procesos creadores y dialógicos, fruto del encuentro entre el Hombre y su entorno. Realidades relacionales, en las que “lo real” no se opone a “lo ideal”, y en las que lo objetivo y lo subjetivo se entrecruzan. Jaspers y Marcel las denominaron “realidades inobjetivas” y para López Quintás son “realidades ambitales”.

Evolución modelos axiológicos

Superando la dialéctica

Afortunadamente, en este aspecto el propio siglo XX nos ha ido dejando (desde la Filosofía, más que la Sociología) tesis de grandes autores – Scheler, Hartmann, Ortega y Gasset, Frondizi… y el propio Kohlberg – que evolucionaron a partir del objetivismo hacia una especie de “idealismo objetivo” que reconoce el protagonismo del individuo en el proceso de valoración de esas “cualidades objetivas ideales” que denominamos valores.

El valor como algo que procede del objeto, pero en el que sólo la persona puede captar esa realidad valiosa; cada una desde su perspectiva, limitada y circunstancial y por tanto subjetiva (Ortega) pero partiendo de una realidad objetiva, para llegar a estimar y preferir. Como sentenció Scheler: “Lo bueno en sí para mí”; porque su carácter individual (referencia vivida, sentida: “para mí”) no elimina su objetividad (“en sí”).

El modelo de Hall y Tonna

Por eso es tan importante contar con metodologías que, sobre el trabajo precedente de pensadores e investigadores, incorporen ambas dimensiones: objetiva y subjetiva. Para así lograr un enfoque comprensivo de una realidad, más que ambigua, “relacional”; y por ello profundamente humana. Metodologías validadas para abordar con rigor la identificación, evaluación y análisis de los valores.

Eso hace posible trabajar con rigor profesional para el desarrollo personal o corporativo basado en los valores. Y elaborar propuestas para la mejora continua y resolución de crisis. Luego, en función de la experiencia y técnica del profesional, pueden enfocarse desde la educación, clínica, coaching, gestión o desarrollo de liderazgo.

Nuestra búsqueda nos condujo (porque nada es mero azar) a conocer el modelo de Hall-Tonna. Evolucionado a partir de modelos anteriores que intentaron dar explicación a qué son los valores y cómo influyen en la conducta humana. Constituye un modelo de valores integrador, de corte evolutivo, dinámico y sistémico. Un modelo construido bajo la influencia de hasta 47 teorías de desarrollo. Desde las fuentes clásicas aristotélicas, más próximas a las Virtudes, hasta el pensamiento de Freire, que vincula de forma dinámica lenguaje con desarrollo cultural, social e institucional. Y con especial fundamento en los modelos de Maslow y de Rokeach, que coinciden en considerar ambas dimensiones -objetiva y subjetiva- como parte de una misma y compleja realidad.