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Valores: Del concepto a los métodos

Un valor es una convicción o creencia estable en el tiempo de que un determinado modo de conducta o una finalidad existencial es personal o socialmente preferible a su modo opuesto de conducta o finalidad (Milton Rokeach)

Valor es una meta transituacional deseable, variable en importancia, que sirve como guía o principio en la vida de una persona u otra entidad social (Shalom H. Schwartz)

Ideales que dan forma y significado a nuestras vidas. Se manifiestan en las prioridades que elegimos, las decisiones que tomamos y las acciones que emprendemos. (Brian P. Hall)

Pero… ¿qué son los valores?

Podríamos llenar páginas y páginas con definiciones como éstas acerca de los valores. Con diferentes puntos de vista, más bien complementarios que contrapuestos. En definitiva, ha habido y hay visiones diversas pero complementarias del concepto valor: creencias, pautas, criterios, metas, esencias, ideales… Porque el mejor acercamiento a éste, como a tantos otros fenómenos humanos, surge de integrar diferentes perspectivas. Como en aquella parábola hindú de Los ciegos y el elefante, que relataba cómo para identificar al elefante era necesario sumar las percepciones parciales de cada uno de los ciegos, que lo reconocían como un tronco, un muro, una serpiente, etc.

ciegos y elefante
Illustrator unknown – From Charles Maurice Stebbins & Mary H. Coolidge, Golden Treasury Readers: Primer, American Book Co. (New York), p. 89., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4581171

 

Y es que, como indicaba López Quintás (1):

Los valores son vertientes de la realidad ambigüas por naturaleza, carentes de contornos definidos, rebosantes de dimensiones y, como tales, muy difíciles de reducir a un estudio analítico preciso y riguroso.

Pero, como ya expusimos en un artículo anterior, en el fondo late una vieja dialéctica de la Axiología, sobre si los valores son algo objetivo o subjetivo. 

Del concepto a las teorías

La diferencia entre valores deseados por la persona (subjetivos) y valores deseables (objetivos) no es una simple cuestión de matiz, sino de fondo. A lo largo de la historia contemporánea han sido muchos los autores que, a falta de una teoría definida y una metodología adecuada, han hecho pendular entre objetivismo y subjetivismo. Y aún hoy, ante el objetivismo tradicional más reduccionista y el subjetivismo radical más relativista, hemos de estar alerta. Si no, podrían conducirnos a metodologías ineficaces y con el riesgo mayor de acabar al servicio de presiones ideológicas.

Como consecuencia, la descripción de teorías de desarrollo moral muestra un conflicto entre dos posiciones. La primera, la educación del carácter, postula la enseñanza/aprendizaje de unos valores concretos, considerados básicos para la convivencia en las sociedades modernas. La segunda, prima el desarrollo del juicio moral y no está de acuerdo con enseñar unos valores concretos. Ésta propone que en los primeros años, en la niñez, y a aquellas personas que no hayan desarrollado su pensamiento abstracto o lógico, es más adecuado educarles dentro de un código moral o valores concretos del contexto al que pertenezcan. Más tarde en la adolescencia, cuando los sujetos ya poseen un pensamiento lógico elaborado, se pueden utilizar otras estrategias y técnicas. Lo más interesante de estos planteamientos, para quienes trabajamos desde una perspectiva educativa, es la necesidad de integrarlos, nuevamente, en lugar de analizarlos como modelos o enfoques contrapuestos.

valores teorías

¿Que son valores para nosotros?

Desde nuestra perspectiva psico-educativa los valores son referentes valiosos para las personas, que ofrecen significado a sus vidas y se convierten en motores del comportamiento. Engloban ideales, intereses, motivaciones y necesidades que rigen la vida y la conducta. Siempre hay valores actuando en la vida de cada persona. Es importante identificarlos para poder intervenir en su desarrollo. Constituyen la base que da significado, impulsa y motiva nuestro desarrollo personal. Y también el de las organizaciones.

No creemos que existan valores “malos” o negativos, esos llamados contravalores. Más bien debiéramos hablar de la presencia o ausencia de uno u otro valor y la jerarquización entre ellos. El propio Scheler, probable creador del término “contravalor”, lo desechó posteriormente. ¿Acaso creemos que alguien pueda tener como ideales de su vida la In-Justicia, la I-Responsabilidad o la Des-Igualdad? Cosa bien distinta es que haya personas que no incluyan en su “lista de valores” alguno/os de estos tres: Justicia, Responsabilidad, Igualdad. O que los tengan subordinados a otros valores bastante menos prosociales, como pudieran ser: Seguridad, Economía o Placer sensorial.

Valores, jerarquía y conducta

Así entendidos, los valores no son sólo los que se declaran verbalmente, sino aquellos que están en la base de las preocupaciones e intereses, necesidades y aspiraciones. La combinación de éstos y la priorización de unos u otros determina la conducta del individuo. Cada conducta es manifestación de diversos valores, que influyen significativamente en nuestra vida diaria. Según el modo en que cada uno, en cada momento, establece su orden de prioridades, surgen combinaciones que reflejan nuestra personal forma de ver el mundo y determinan nuestras actitudes ante él.

Probablemente no tenemos capacidad para atender a más de diez prioridades en cada momento dado de nuestras vidas. Incluso dos personas, grupos o instituciones con los mismos diez valores, pueden manifestar conductas diferentes según cómo manifiesten sus prioridades. De acuerdo con el modo en que cada cual -individuo o grupo- establece sus prioridades de valor, surgen combinaciones únicas que reflejan su forma actual de ver el mundo y determinan sus actitudes.

En cada persona los valores van cambiando a lo largo de la vida en un proceso dinámico y sistémico, influidos por las distintas situaciones y experiencias vividas. Así, se establece una relación dinámica entre los valores y el desarrollo humano; de manera que, una vez identificados, pueden relacionarse de forma específica con el equilibrio y las etapas de madurez de la persona, grupo u organización. Y, del mismo modo, también con los estadios de desarrollo de liderazgo.

De teorías a metodologías

Por todo esto nos parece tan importante poder contar con metodologías que incorporen ambas dimensiones: objetiva y subjetiva. Metodologías validadas e integradoras, construidas sobre el trabajo precedente de pensadores e investigadores. Con un enfoque comprensivo de una realidad que no es ambigua sino relacional (y por ello profundamente humana) para abordar la identificación y análisis de los valores. Creemos que eso hace posible trabajar con rigor profesional, sin sucumbir ante dogmatismos ni relativismos. Y nos enfoca al desarrollo (personal o colectivo) basado en los valores, con propuestas para la mejora continua y la transformación del individuo y de la sociedad.

Entre esas metodologías integrales y validadas hemos considerado que la Teoría de valores humanos de Schwartz y el Modelo axiológico de Hall-Tonna resultan de especial relevancia en el ámbito psico-educativo. Ambos modelos y sus respectivos instrumentos constituyen herramientas consolidadas para identificación y medición de valores humanos. Y favorecen el trabajo con valores, ya que los definen de manera concreta y otorgándoles un significado comprensible. Además, ambos proponen una clasificación de valores que explica la relación dinámica entre ellos y facilita su comprensión dentro del marco de desarrollo humano.

En el contexto español hay numerosas investigaciones que han respaldado la utilidad tanto del modelo de Schwartz como del de Hall-Tonna, incluso la complementariedad entre ambos (2), a la hora de identificar los valores en una estructura teóricamente fundamentada y que favorezca el posterior trabajo con los mismos. 


  1. López Quintás (1992) El conocimiento de los valores. Ed. Verbo Divino: Pamplona.
  2. Korres & I. Elexpuru. La medición e identificación de valores: complementariedad entre los modelos de Schwartz y Hall-Tonna. Rev. Int. Educación y Aprendizaje, vol 2, nº 2, 2014.

 

A continuación se puede ver una breve presentación sobre la evolución del concepto “valor”, extraída de nuestros materiales audiovisuales para la formación. En concreto, una secuencia acerca de la superación de la dialéctica entre subjetivismo y objetivismo axiológico:

Valores ¿militares?

Aquel servicio militar obligatorio.

Reconozco que me sorprende escuchar que aún haya quien defienda la “mili” obligatoria y pretenda reimplantarla. Será porque yo la tuve que hacer ya con 27 años y con carrera de Medicina y doctorado en la mochila. Y porque sólo me sirvió para perder varios meses de mi vida y un contrato en la Universidad. Y porque afortunadamente mis hijos no han tenido que hacerla… y eso que se ahorraron.

Pues bien, hace unos días comentaban en la radio la noticia de que Suecia va a restablecer el servicio militar obligatorio a partir de 2018. El gobierno sueco quiere aumentar su capacidad defensiva ante la amenaza de Rusia en el Báltico. Y realmente esta decisión, al parecer con muchos apoyos, no sorprende demasiado, pues ya es la norma en toda Escandinavia, donde incluso se está impulsando la Alianza Atlántica en respuesta a la inestabilidad geopolítica y la amenaza de su vecina Rusia.

Pero lo que más me llamó la atención fue que, en aquel debate en la radio, los invitados se pusieron a discutir sobre la “mili” y sus posibles inconvenientes y beneficios, y la mayoría  coincidió en que servía para desarrollar, en los jóvenes, valores como: disciplina, esfuerzo, lealtad, compañerismo… Y bastó esto para que algún padre o abuelo rememorara con nostalgia “su” mili, trayendo a colación aquello de “¡qué bien les vendría a algunos jóvenes de ahora!”.

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

DISCIPLINA = (Control, Orden) Tener pautas que permitan comportarse de acuerdo con las normas establecidas.

PERSEVERANCIA = Mantenerse constantes para conseguir lo comenzado, aun soportando con serenidad experiencias o situaciones difíciles o cambios repentinos y frustrantes.

LEALTAD = (Fidelidad) Respetar las promesas y cumplir con las obligaciones hacia la autoridad y hacia las personas cercanas.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


  

valores militares

Valores, sí, pero ¿militares?

Yo no pongo en cuestión esa posible influencia de la cultura militar sobre el desarrollo de los mencionados valores, aunque no generalizaría tal beneficio. Ni tampoco me sumaría a esos mostrencos que hoy cuestionan el ejército sin más argumento que un buenista e insustancial concepto de Paz. Pero me pregunto: si muchos -según afirman- echan de menos esos valores (algunos, claramente, valores repudiados); si de lo que se trata es de fomentar su recuperación, ¿por qué pensar en el ejército? ¿No sería mejor, de momento, promoverlos y reforzarlos en nuestras más básicas y bien aceptadas estructuras de socialización? Evidentemente, estoy hablando de Familia y Escuela.


No creo que nadie considere al ejército como un agente de socialización de primer orden. Y, sin duda, Escuela y Familia sí lo son. Luego ¿qué sentido tendría seguir confiando en la institución armada (con funciones sin duda más exclusivas) para el desarrollo de valores que son mucho mejor, y más pronto, transmitidos en los contextos de hogar y colegio…? Sin embargo, percibo en ese discurso un fenómeno de reacción a lo que algunos describen como “valores de derecha e ideas de izquierda”.

Hemiplejía moral y cojera de valores

Pero -¡ay!- eso es lo que sucede cuando, sometidos a la ideología, nos empeñamos en simplificar la complejidad del ser humano y social, repartiéndolo todo (la conciencia, la ética, la cultura… ¡y hasta los jueces!) rígidamente entre dos contenedores: O “de izquierdas” o “de derechas”. Una estupidez de la que ya nos alertó el gran Ortega y Gasset con su descriptivo “hemiplejía moral”. Después, con la (auto)censura de lo-políticamente-correcto, en cada momento y lugar nos puede surgir la incongruencia entre aspirar al desarrollo de ciertos valores “de derechas” y luego ser incapaces de ejercerlos y transmitirlos porque sentimos que chocan con las que son (o deberían ser) nuestras ideas “de izquierda”. Y lo mismo podría ser al revés, si se tratara de otro tema.

Disciplina y Esfuerzo son claro ejemplo de una “cojera de valores” que hemos podido comprobar empíricamente en nuestras intervenciones con familias, y ya presentamos en un artículo anterior. Una falta de competencia, casi discapacidad, que se nos presenta con frecuencia y puede limitar notablemente nuestra labor educativa en la Familia y en la Escuela. Y luego quizás alguien venga y pretenda arreglarlo con un servicio militar obligatorio, o algo peor que aún esté por inventar.

Voluntad para motivarnos

“No es de extrañar que haya aparecido una industria de la motivación: consejeros motivacionales, coaching motivacional, oradores motivacionales. Una especie de anfetaminas de uso legal” (J.A. MARINA)

estudiandoMotivación versus Voluntad.

Hace ya un cuarto de siglo, cuando empezaba a asentarme profesionalmente en la rehabilitación de adictos, tomé conciencia de la excesiva referencia al constructo MOTIVACIÓN, que llegaba a desplazar al clásico concepto de VOLUNTAD. Y empecé a cuestionarlo en mis intervenciones, porque ya entonces me parecía peligroso sustituir un concepto como voluntad -algo inherente al individuo, que depende fundamentalmente de su propia disposición- por otro como motivación, que depende de alguna fuente externa. Pues peligroso es basar nuestra expectativa en algo no controlado por uno mismo, por lo que siempre cabe la posibilidad de echar la culpa a otro.

Yo, por entonces, leía con avidez la obra de Viktor Frankl, y me entusiasmaban sus constantes referencias a la “voluntad de sentido” y el “autodistanciamiento” para analizarse a uno mismo con una perspectiva más integradora, holística, y lograr la adaptación y el cambio personal sin conformarse con la justificación de los condicionantes internos o externos.

Huelga decir que, en mi ámbito profesional de por entonces, estos cuestionamientos míos a la solución motivacional no tenían mucho éxito. Pues hablar de voluntad ya se estaba volviendo algo “out”; lo “in” era (y me temo que siga siendo) hablar de motivación. Recuerdo una anécdota, tan desternillante como preocupante a la vez,con un compañero cuando revisábamos nuestras intervenciones psico-educativas para la rehabilitación de jóvenes adictos. Llegó a la curiosa conclusión de que teníamos que mejorar “nuestra capacidad de motivarlos para que ellos se auto-motiven”… Y otro compañero redondeó la ocurrencia afirmando que el problema era que “para enseñarles auto-motivación nosotros debemos antes aprender a auto-motivarnos”. ¡Ahí es nada!

Motivación, comportamiento y esfuerzo

Indagando sobre esto descubrí con satisfacción que crítica muy similar la efectuaba ya en sus escritos José Antonio Marina [1], cuyos artículos y primeros libros yo entonces leía y apreciaba, aunque aún no habían alcanzado la resonancia que tuvieron luego. Y, según pude leer más recientemente, Marina continúa criticando duramente esa omnipotencia de la motivación. Véase este texto que encontré en un periódico digital [2]:

“… Empezó entonces una odisea que ha afectado seriamente a nuestros sistemas educativos, a la comprensión de la conducta humana y a nuestra vida social y política. […] ¿Qué sucede cuando no estamos motivados? Pues que no podemos actuar. Y, además, que podemos echar la culpa de nuestra inacción a quien no nos motiva. El problema educativo se convirtió en un problema motivacional. Lo importante era motivar a los alumnos porque, de lo contrario, ¡cómo iban a poder estudiar! Pero esto supone una dependencia de la fuente de motivación. […] Lo que estamos aceptando como dogma de fe es que si no tengo ganas de hacer una cosa no es que no la quiera hacer, es que no puedo hacerla. Y esto es radicalmente falso, moralmente destructivo, y ha emponzoñado toda nuestra relación educativa”.

Claro que en esta sociedad occidental infantilizada y victimista – como diría Bruckner [3] – más dada a placeres que a deberes y valores; en este “mundo feliz” que nos quieren vender… no haría falta el ESFUERZO. Ni, por tanto, sería necesaria voluntad alguna: el énfasis se pone en “motivarse”… o ni siquiera eso si precisa nuestro esfuerzo.

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

DECISIÓN/INICIATIVA = Poner en marcha proyectos y actividades sin necesidad de presiones externas.

COMPETITIVIDAD (Afán de superación) = Tener voluntad de superarse y de dar lo mejor de uno mismo en la profesión o en un área determinada.

DEBER-OBLIGACIÓN = Seguir las costumbres y normas establecidas, con respeto a los otros y con sentido de responsabilidad hacia los códigos institucionales.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


  

Voluntad y valores confrontados

PROHIBIDO SENTARSE

Volviendo con Marina: Cabría esperar que pedagogos, y educadores en general, luchasen para que la voluntad (o como quieran renombrarla) sea tenida en cuenta, o si no su labor será inútil. Pero, en la práctica, ellos mismos se sumaron a ese carro del determinismo, reinventando la motivación y dándole una prioridad inmerecida. Esto es: suponiendo que los actos humanos sólo deben ser movidos por el principio del PLACER, y que lo que se ofrezca al individuo sólo será aceptado si le resulta placentero. El resultado, naturalmente, es un fracaso. Porque esperar que todo lo que ofrecen instituciones educadoras, como familia y escuela, sea aceptado como placentero siempre y por todo el conjunto de los educandos, sean cuales sean sus circunstancias e intereses… es sencillamente una tontería.

Hay que decir, sin embargo, que en sus escritos más recientes el propio Marina justifica en cierto modo aquella eliminación del concepto “voluntad”. Y lo hace con argumento, a mi entender, tan débil como que “fue una idea usurpada por regímenes dictatoriales” (refiriéndose, en origen, al nazismo). ¿Acaso también debiéramos prescindir hoy de conceptos o valores como Igualdad o Libertad, Patriotismo o Solidaridad, dado que en algún momento han sido o son usurpados por una u otra facción política? Desde luego yo pienso que no; pero -eso sí- deberíamos desmitificarlos, delimitar esos conceptos y confrontar su manipulación ideológica; lo mismo que con la Voluntad. 

¿Motivación versus esfuerzo?

En fin de cuentas, es más o menos lo que ahora hace Marina al actualizar, más que sustituir, el factor VOLUNTAD por lo que él llama “FACTOR E”, referido a las funciones ejecutivas del cerebro, encargadas de autogestionar los recursos de la inteligencia. Algo que el cerebro hace, por ejemplo, procurando suscitar la motivación adecuada; o dirigiendo la atención hacia los premios o manteniendo presente la meta; inhibiendo tentaciones, o entrenándome para soportar el esfuerzo.

Pero Arnold M. Washton, un especialista en el tratamiento de adicciones, escribió: “La voluntad no funciona como un interruptor, sino como un complejo hábito” [4]. No esperemos de ella otra “solución rápida”, como a veces nos quieren hacer creer acerca de la motivación desde las hoy llamadas “psicologías positivas”.

Guste o no a algunos, la inteligencia humana ha ido elaborando procedimientos que nos permiten actuar aunque no estemos motivados. Uno es, desde luego, el SENTIDO DEL DEBER; pero –claro- tan sólo nombrarlo ya ocasiona cierto desprestigio en los círculos técnicos y académicos hoy dominantes… Otro constructo o valor hoy fatalmente repudiado por muchos; pero ése será otro tema.


[1] J.A. Marina (1997). El misterio de la voluntad perdida. Anagrama.

[2] J.A. Marina. El retorno de la voluntad, en El Confidencial, 17/02/2015

[3] P. Bruckner (2002, 4ª ed). La tentación de la inocencia. Anagrama.

[4] A.M. Washton & D. Boundy (1991) Querer NO es poder. Paidos Ibérica.

Palabras-valor y palabras-mito

“Una de las características de nuestro tiempo es la tendencia, sin duda programada, a llenar de contenido absoluto ciertas palabras cuyo sentido, positivo o negativo, depende en gran medida de las circunstancias… Para conocer  a fondo una época  es necesario un estudio de las palabras que santifica y de las palabras que demoniza”  (B. Villacañas)

palabras-valor calle

Palabras-valor

Asistía a una conferencia de Federico Mayor Zaragoza (científico y político español, Director General de la UNESCO entre 1987-1999) y me resonó particularmente una idea: Estamos en una transición global en la que la fuerza de la ideología debe dejar paso a la fuerza de la palabra.

Yo estoy profundamente convencido del sentido y vigencia de las palabras-valor. Valores expresados a través de palabras con profunda carga emocional, palabras motivadoras y que amplían la conciencia. Así lo aprendimos con Freire y su palabra generadora, y es fundamento del marco epistemológico en que mejor me apoyo para hablar de valores: el modelo Hall-Tonna.

Pero, desafortunadamente, hace tiempo que el sectarismo ideológico contamina nuestro lenguaje con el germen de “lo políticamente correcto”. Y así llena sus discursos, sus enseñanzas, hasta sus leyes, de palabras que algún día significaron algún valor pero hoy apenas sabemos lo que significan, fruto de su abuso, sobrevaloración o tergiversación. Palabras manipuladas, al fin y al cabo, por eso que llaman “el poder ideológico”.

Palabras-mito

De este modo hemos llegado a perder el profundo significado de palabras como Solidaridad o Paz, tan sobadas en mítines y escuelas, en programas electorales y currículos educativos, que  conseguimos ablandarlas y vaciarlas de contenido auténtico. Por lo que ya apenas nos promueven emoción ni nos proporcionan Sentido.

Así también llegamos a experimentar la hipertrofia permanente de eso que llaman Tolerancia. Un valor que elevamos a primer orden en nuestra coyuntura histórica de la Transición, algo entonces incuestionable; pero que no hemos sabido reubicar en los márgenes, más ajustados, de la riqueza de la DiversidadComo dice Villacañas: “Vivimos en tiempos de tolerancia obligatoria” cuando “hay tantas cosas que son intolerables”.

Otro procedimiento por el que palabras-valor se nos convierten en palabras-mito, vacías de sentido, es  la manipulación de unas jerarquías de valores pretendidamente incuestionables. Jerarquías en las que unos destacan obligadamente la Seguridad, otros la Libertad y otros (u otras) la Igualdad. Y… ¡ay de quien ose contradecirles! Hemiplejía moral atinó a llamarlo Ortega y Gasset.

Los mitos no educan

Pero no se construye la Paz hablando constantemente de esa paz grandilocuente que no parece ser más que Equilibrio, apenas un orden sin conflicto armado… Ni se educa para la Solidaridad manoseando continuamente el término, cual si creyéramos que resulta igualmente significativo para el preescolar que para el universitario. Son muchos los valores intermedios, instrumentales, valores auténticos y secuenciados que, adecuados a cada persona y en cada momento de su necesidad y madurez, se convierten en potentes motivadores: Respeto, Cuidado, Generosidad, Empatía, Colaboración, Equidad, Justicia, Dignidad… Son valores más pegados al terreno, realmente vinculados a la acción, que etapa a etapa, fase a fase, contribuyen eficazmente a ampliar la conciencia del individuo y a forjar con él y en su entorno esos grandes ideales de Paz y Solidaridad.

Aquí muestro, a modo ilustrativo, una propuesta para el desarrollo de valores, secuenciados por etapas evolutivas, en torno a estas dos grandes (y, por lo mismo, complejas y abstractas) categorías de valores: Paz y Solidaridad. Se trata de un mapa axiológico que, partiendo del mencionado Modelo Hall-Tonna, ofrece unos itinerarios de valores que, a mi entender, facilitan un auténtico proceso de educación o mejora personal. Y así lo hemos utilizado en diversas actuaciones con educadores (docentes, técnicos, padres y madres) en claves de coaching educativo:

 

Mejor con coherencia

Claro está que, para promover esos itinerarios, quien propone los valores –sea político, asesor, intelectual o educador- debe ser alguien convencido y dispuesto a ejercitarlos; como diría Freire, dispuesto a “corporeizar las palabras con el ejemplo”. Y, desafortunadamente, no es esto lo que más a menudo nos encontramos.

palabras-valor jardín

Yo recuerdo una anécdota personal de hace unos años, tan sencilla como impactante fue para mí:

Era sábado por la mañana. Volvíamos mi esposa y yo de hacer la compra semanal en el mercado. Yo empujaba el carrito de la compra, recién repleto. Al llegar a un estrechamiento de la acera, un grupo de 5 o 6 personas charlaban distraídamente ante la puerta de una clínica, bloqueándonos el paso. Un hombre con muletas acababa de dar un rodeo para poder entrar al centro sanitario; ahora una joven con un cochecito de bebé optaba por bajar dificultosamente a la calzada para poder seguir adelante, si bien pasó a mi lado murmurando acerca del grupo en cuestión, que seguía indiferente.

Yo no quise ser uno más en ceder y luego murmurar, así que decidí seguir por la acera reclamando asertivamente mi espacio de paso. No pretendí hacerlo con acritud, pero mi malestar fue en aumento cuando, mientras pasaba entre ellos, llegué a oír su conversación: El grupo estaba hablando acaloradamente acerca de la falta de solidaridad que percibían en una propuesta del gobierno… Era evidente que ni se les pasaba por la cabeza que ellos, en lo más fácil y próximo, no aplicaban solidaridad, ni siquiera empatía. Como dijo Eric Hoffer:

“Es más fácil amar a la humanidad en general que a tu vecino”.

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

CONGRUENCIA = Expresar sentimientos y pensamientos de manera que lo que uno siente internamente sea lo mismo que lo que comunica externamente.

PALABRA = Comunicar verdades universales con tal claridad que el que escucha se haga consciente de sus limitaciones y experimente un nuevo sentido de sí mismo.

BÚSQUEDA DE SENTIDO (Esperanza) = Buscar y descubrir la propia individualidad y el sentido de la propia existencia. 

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002), Universidad de Deusto] 


 

Sin coherencia no hay Sentido

Dijo Freire que “la palabra verdadera transforma al mundo”. Pero también que “no hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre reflexión y acción”. Si en las supuestas palabras-valor no late la emoción, nos faltará el Sentido; pero si además falla la congruencia en la conducta –la acción– es que nunca hubo valor, tan sólo palabras.

Porque la coherencia no suele ser nuestro principal distintivo. Y porque las palabras-valor se nos han vuelto palabras-mito. Por eso propongo que para educar en valores deberíamos consensuar algunos itinerarios de valores operativos, con más congruencia y menos grandilocuencia. Valores (palabras-valor) más pegados al terreno, más vinculados a la acción, y menos influenciados por unos poderes ideológicos que siempre serán pasajeros.

Porque los Valores son nuestros horizontes de referencia, para el individuo y para la comunidad. Y parafraseando a Galeano: el horizonte sirve… para seguir caminando. Valores para que nuestro andar por este mundo tenga Sentido.

¿Igualdad o Diversidad?

“Cuando todos piensan igual es que ninguno está pensando” (Walter Lippmann)

Igualdad o Diversidad… ¿en qué quedamos?

Haceigualdad o diversidad unos días llegó a mis manos un artículo de Ricardo García Manrique, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Barcelona. No tengo costumbre de leer textos sobre materia jurídica, salvo cuando me los recomienda mi hijo, que es del gremio. Pero éste me llamó la atención desde el principio porque se refería a un asunto axiológico. Concretamente sobre el concepto de Igualdad.

He de reconocer que el término “igualdad” constituye para mí una inquietud constante. Porque forma parte de esas palabras-mito que considero sobrevaloradas, elevadas a un rango superior al que les corresponde. Un rango desde donde a menudo sirven como moneda de cambio a los poderes fácticos. Por eso mismo, ¿cómo iba a dejar de leer un trabajo que me llegaba presentado bajo el lema “La igualdad no es un valor”?

“La igualdad no es un valor”

Destaco el argumento para mí más significativo del artículo de GARCÍA MANRIQUE:

“A la hora de justificar axiológicamente normas, derechos o acciones […] debemos evitar el uso valorativo del término «igualdad» o, si lo seguimos usando, ser conscientes de que no designa un valor distinto del de la justicia o el de la libertad. De este modo, las propuestas políticas igualitaristas, como la que expresan los derechos sociales, resultarán mejor articuladas y más atractivas. […]

La igualdad que es valiosa es la que es justa, y sólo algunas igualdades lo son, luego es la justicia la que es valiosa y no la igualdad como tal, que puede ser buena, mala o irrelevante. […] Tampoco los derechos sociales presuponen un dilema entre la libertad y la igualdad que resuelvan a favor de la segunda, sino que presuponen un dilema entre la mucha libertad de unos y la poca libertad de otros, que resuelven distribuyéndola entre todos por igual”.  La semántica confusa de la igualdad. DOXA, Cuadernos de Filosofía del Derecho, 33 (2010) pp. 591-624.


He de decir que de inmediato me sentí identificado con dicho argumento, totalmente congruente con las consideraciones sobre el concepto “igualdad” según el modelo axiológico de Hall-Tonna (marco epistemológico e instrumental básico de nuestro trabajo con valores). Tales consideraciones sitúan la igualdad como algo necesariamente implícito o consecuente a otras palabras-valor: Derechos, Libertad, Justicia. Valores que coincido con García Manrique en considerar más relevantes y auténticos. 


TECNOLOGÍA DE VALORES

EQUIDAD / DERECHOS = Defender desde el punto de vista moral y ético, la igualdad legal y social de todas las personas.

IGUALDAD / LIBERACIÓN = Experimentar que uno tiene el mismo valor y derechos que los demás. Es la conciencia crítica del valor del ser humano.

JUSTICIA / ORDEN SOCIAL = Emprender actuaciones concretas para abordar, confrontar y corregir condiciones de desigualdad y opresión humana, con el fin de hacer presente y real el hecho de que todo ser humano tiene el mismo valor.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


Igualdad o igualdades

Y si la igualdad sólo es valiosa si es justa, y hay otras “igualdades” malas o irrelevantes, entonces ¿a qué viene tanto abuso del término “igualdad”?

Baste un botón de muestra: en Andalucía, comunidad donde resido, la estructura de gobierno (en manos de un mismo partido desde hace 35 años) ha estado contando con una macro-consejería que gestionaba dos de los cuatro pilares del Estado de Bienestar: Sanidad y Servicios Sociales; sin embargo su denominación venía siendo Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, simplificada -claro- para la población como “consejería de igualdad”. Parece que esa pregonada Igualdad fuese el primer y más importante objetivo de su gobernanza, separada de Sanidad y Servicios Sociales para mayor protagonismo, e incluso antepuesta a ellas.

Tal vez, como escribió González Faus, para ciertas facciones ideológicas este recurso constante al valor igualdad se haya convertido en tablón al que aferrarse en medio de “el naufragio de la izquierda“. Quizás sea un guiño -¿buenista o electoralista?- a aquello que Juan Manuel de Prada denominó “la igualdad de los resentidos”:

“El resentimiento, disfrazado de reclamación de igualdad adulterada (puesto que ya no es igualdad de origen, sino negación de los méritos personales de cada uno)”

Diversidad, más que Tolerancia

Frente a ese igualitarismo manipulado (y manipulador) parece que hayamos olvidado o perdido el sentido de otro valor. Un valor que a muchos nos parece menos irreal y más constructivo: la riqueza de la diversidad; evolucionada a partir de otro más básico y -por lo mismo- menos enriquecedor, como es unidad-uniformidad.

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

UNIDAD / UNIFORMIDAD = Potenciar la armonía y el acuerdo en una institución para lograr eficacia, orden, lealtad y conformidad con las normas establecidas.

UNIDAD / DIVERSIDAD = Reconocer y aceptar el enriquecimiento que supone el contar con diferentes puntos de vista y opiniones.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


En este país hace 40 años iniciamos una esforzada y eficaz pedagogía social para la recuperación de un valor al que llamábamos “tolerancia“. Pero parece que falsos igualitarismos (hembrismos, multiculturalismos y otros -ismos posmodernos) no hacen más que socavar precisamente esa diversidad que proclamábamos prioritaria. Quizás precisamente nos equivocamos en sobrevalorar aquella tolerancia…

Pues, en fin de cuentas, “tolerar” sin más ¿qué mérito tiene? El mayor conformista del mundo podría considerarse un perfecto tolerante. El peor de los relativismos, pese a su pobre ética, pasaría por prototipo de tolerancia. Por eso se me quedó grabada aquella reformulación que, años atrás, nos hacía el catedrático de Sociología Javier Elzo, proponiendo la denominación “tolerancia activa” si queríamos referirnos a un valor auténticamente relacionado con el respeto y la riqueza de la diversidad.

Igualdad

¿Y en la Educación?

Creo que en nuestro sistema educativo, en nuestras escuelas, tan sólo aparentamos tener muy en cuenta estos dilemas de la igualdad / diversidad. Pero no damos suficiente sentido a ninguna de tales palabras-valor, no sea que se contradigan; lo cual es muy probable. Ni las priorizamos adecuadamente, en cada caso, por miedo a lo políticamente correcto. Y esto nos crea no pocas confusiones y discusiones; por ejemplo cuando se trata de evaluar. La evaluación, asunto importante, pero tan sobrevalorado hace décadas como injustamente denostado en nuestra pedagogía posmoderna.

Pienso que ya va siendo hora de que nos esforcemos en superar nuestros estériles debates entre equidad y calidad. Y es tiempo de que aprendamos (de verdad) algo de ese aclamado sistema educativo finlandés, que ya hace décadas superó tal disyuntiva y  convirtió el asunto en un pacto de estado. Algo que aquí nos sigue pareciendo imposible de alcanzar.

Conclusión

En fin, que no me resigno a las “igualdades injustas” y la “tolerancia obligatoria en un mundo con tantas cosas intolerables” (Beatriz Villacañas). Por eso las discuto. Pero debo reconocer con cierta desesperanza que esto no es nada nuevo en nuestra España, donde llevamos siglos con vacíos discursos de falso igualitarismo: mal-igualando siempre por debajo, lo cual implica evidentemente un serio obstáculo para alcanzar la excelencia.

Por eso me resulta tan divertido y actual aquel famoso epigrama escrito hace 150 años por Manuel del Palacio. Por cierto, frecuentemente atribuido, no sé por qué, al argentino Padre Castellani. O, aún peor, a nuestro Lope de Vega:

«¡Igualdad!», oigo gritar / al jorobado Torroba.

y se me ocurre pensar:

¿Quiere verse sin joroba, / o nos quiere jorobar?