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Limitaciones y oportunidades

“Vivir intensamente es encontrar cada día una nueva inseguridad”

(Mauricio Wiesenthal)

limitaciones y oportunidades

Llega el nuevo año y una vez más, como al inicio de cada ciclo, volvemos a formular esos buenos propósitos: ir al gimnasio, aprender o mejorar nuestro inglés, leer más, jugar más, beber o comer menos…

También hay deseos más elevados para el año nuevo, es cierto. Pero muchos de ellos -el fin de la pobreza, el control del cambio climático o la paz mundial-  nos parecen poco vinculados a nuestras conductas. Esto no es tan cierto… pero sí que su resolución supera con mucho el marco temporal no ya de un año sino de toda nuestra vida.

El caso es que cada año por estas fechas arrecian los buenos propósitos. Y, como en aquel Día de la marmota de la película “Atrapado en el tiempo”, parece que cada primero de enero nos damos una nueva oportunidad para repetir y mejorar nuestros comportamientos y experiencias.

Está bien; siempre será mejor tomar conciencia y reconocer nuestros errores e incumplimientos, en vez de ignorarlos, negarlos, encubrirlos o justificarlos. Con humildad, pero también con voluntad de esfuerzo; porque de esa combinación surgen actitudes que nos permiten:

  • conocernos mejor,
  • aceptarnos a nosotros mismos,
  • valorar nuestras fortalezas
  • e intentar mejorar nuestras debilidades.

” Para ser auténticos, debemos asumir el pasado (la parte de lo ya sido que nos ofrece posibilidades a los hombres del presente), y proyectar el futuro (la parte del porvenir que puede ser diseñado desde el presente)… Para desarrollarnos como personas, debemos aceptar el ser que tenemos, con todo cuanto implica. En vez de malgastar las energías en desear ser otra cosa, hemos de emplearlas en sacar pleno partido a las posibilidades de que disponemos con vistas a realizar el ideal que va implícito en nuestra realidad personal “

(Alfonso López Quintás en El libro de los valores)

viñeta limitaciones¿Debilidades u oportunidades?

Aceptar y aceptarse, sí pero con todas sus implicaciones; con autenticidad, sin aprovechar el reconocimiento de nuestro error o limitación como pretexto (“es que yo soy así”) para mantenernos en el confort y el conformismo, el inmovilismo o hasta la pereza.

Porque no debemos confundir nuestras limitaciones con nuestros miedos. La conciencia de nuestras limitaciones sólo puede ser fruto de un profundo conocimiento de nuestro ser y nuestra circunstancia. Y, bien mirado, constituyen el diagnóstico imprescindible para afrontar luego el cambio.

Como escuché en una canción: “Cambiar no es perder, ni perder es naufragar, ni naufragar es morir”. Más rotundo había sido Confucio cuando dijo:

“Los únicos que no cambian son los sabios de primer orden… y los completamente idiotas”

 

Aceptación… y crecimiento

La Aceptación de nuestros errores y limitaciones puede considerarse un valor estrechamente vinculado a nuestras conductas, como todos los valores instrumentales o valores-medio. Y, por consiguiente, conectado a destrezas o habilidades que podemos, quizás debemos, desarrollar. Con humildad, valentía y sabiduría.

“… Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, Valor para cambiar las cosas que puedo cambiar, Sabiduría para reconocer la diferencia” (atribuida a Reinhold Niebuhr)

 

Esa triada virtuosa de Aceptación-Humildad-Esfuerzo genera actitudes de mejora continua muy necesarias en esta sociedad actual, tan dada a la inmediatez y el victimismo. Y creo que como educadores, padres o madres, líderes o directivos, haríamos bien en tenerla muy presente. Ahora porque comienza un año nuevo, y siempre porque cada día es una nueva oportunidad.

limitaciones y oportunidades

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

LIMITACIÓN / ACEPTACIÓN = Reconocer y aceptar nuestras limitaciones y potencialidades utilizando la capacidad de autocrítica. Implica conocer la realidad objetiva de que todas las personas tienen potencialidades y limitaciones.

LIMITACIÓN / DESARROLLO = Reconocer que para desarrollar el talento hay que conocer las propias limitaciones. Implica la actitud de afrontar incluso con humor las propias imperfecciones y aprender de los propios errores.

PERSEVERANCIA = Mantenerse constantes para conseguir lo comenzado, aun soportando con serenidad experiencias o situaciones difíciles o cambios repentinos y frustrantes.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


  

Conclusión

“Nadie nace hecho. Nos vamos haciendo poco a poco, en la práctica social en que tomamos parte”, escribió Paulo Freire. Yo, por mi parte – lo he dicho muchas veces – quisiera seguir aprendiendo algo nuevo cada día… y así hasta que me llegue la muerte (ojalá que aún tarde mucho). E incluso en ese preciso momento, como decía un tío mío, aprenderé algo nuevo, porque… nunca antes me he muerto.

¿Y si alguien creyera que ya es sabio y maduro? Pues… ¡qué lástima! ¿Y a qué va a dedicar el resto de su vida?

Valores repudiados

valores repudiadosHace algún tiempo tuve una interesante experiencia de análisis de valores con un grupo de madres y padres de un prestigioso colegio de Sevilla. Una interesante experiencia para nosotros como consultores, y espero que también para ellos pues sus valoraciones fueron bastante favorables. Fue un trabajo con cierta profundidad, aunque limitado en el tiempo: dos tardes y unas tareas entre sesiones que incluían la realización individual y análisis del Inventario de Valores de Hall-Tonna.

Valores ausentes: las tres D

Entre los resultados y conclusiones, más allá del trabajo formativo y de diagnóstico grupal, hubo algo que nos llamó poderosamente la atención: En aquel grupo de padres y madres, pertenecientes a la burguesía sevillana, había sucedido algo muy similar a lo que antes pudimos observar en otra población bien distinta.

Aquella otra experiencia había sido con un grupo de 30 madres y padres de una pequeña localidad agrícola y artesana de la serranía de Cádiz. En uno y otro caso, con poblaciones bien distintas, un ejercicio estandarizado de“consenso de valores sobre nuestra familia ideal” había arrojado un conjunto bastante similar de 15 o 20 valores prioritarios, secuenciados en etapas madurativas. Y, para completar el patrón, también ambos grupos coincidieron en la ausencia, en sus elecciones explícitas, de ciertos valores que responden a necesidades relacionadas con el dinero, la disciplina y el deber.

Esto no es tan sorprendente, si bien creo que merece esta referencia. Como también mereció la mención explícita y reflexión ante aquellos padres y madres participantes.

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

CONGRUENCIA = Expresar sentimientos y pensamientos de manera que lo que uno siente internamente sea lo mismo que lo que comunica externamente.

ECONOMÍA (Beneficio) = Asegurar ganancias económicas para sentirse seguro y respetado, estableciendo una base sólida para el futuro.

CONTROL-ORDEN-DISCIPLINA = Tener pautas que permitan comportarse de acuerdo con las normas establecidas.

DEBER-OBLIGACIÓN = Seguir las costumbres y normas establecidas, con respeto a los otros y con sentido de responsabilidad hacia los códigos institucionales.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002), Universidad de Deusto] 


 

¿Valores “negativos” o negados?

Una vez más se nos ponía en evidencia cierta disposición cuasi universal a silenciar determinados valores. Valores que son referidos como menores o secundarios, anticuados o incluso “negativos”. Y esto es así -qué duda cabe- por alguna influencia ideológica, constitutiva de lo que solemos llamar “lo políticamente correcto”. En un artículo anterior ya referimos esta frase de Beatriz Villacañas:

“Para conocer  a fondo una época  es necesario un estudio de las palabras que santifica y de las palabras que demoniza”.

Entonces hablábamos de palabras santificadas o palabras-mito; hoy nos referimos a palabras-valor demonizadas: valores repudiados.

Porque lo más llamativo y que nos movió a la confrontación y a un rico debate con el grupo del colegio sevillano vino después. Al comparar este perfil de grupo, resultante del ejercicio de consenso, con las conclusiones del análisis de los inventarios individuales de valores que, entre sesiones, ellos mismos habían realizado. Resultó que esos tres mismos valores -llamémoslos Dinero, Deber y Disciplina, las “tres D”- sí se encontraban, de forma muy significativa, entre las prioridades de la mayoría de sus listas de valores individuales. Esto es: se evidenciaba una notable incongruencia entre la ausencia de estas “tres D” cuando preguntamos explícita y públicamente por ellos como palabras-valor, frente a su notoria presencia cuando los mismos sujetos, de modo individual y anónimo, eligen y priorizan sus ideales y patrones de conducta más implícitos, proyectados en el repertorio de 125 ítems del Inventario de Valores Hall-Tonna.

Cuestión de congruencia

No estábamos allí, ni aquí, para juzgar esa incongruencia. Pero quizás, como padres y educadores, debiéramos preguntarnos si esa brecha, entre necesidades sentidas implícitas y valores repudiados explícitamente, no tendrá consecuencias sobre nuestras estrategias educativas. Y, particularmente, sobre la inalienable función socializadora de nuestra institución familiar (y, quizás, igualmente, de otras de nuestras instituciones, tan importantes como la Escuela).

¿Por qué no reconocer que la economía, el orden y la norma también forman parte de los cimientos para un clima familiar que proporcione seguridad a los miembros y les ayude a construir su presente y futura autonomía

¿Acaso no es preferible tratar explícitamente acerca del dinero o el deber, sin ocultarlos bajo fundamentalismos morales o seudo-progresistas, advirtiendo -como con cualquiera otro valor- sobre sus riesgos de sobrevaloración? Lo ilustró el filósofo José Antonio Marina, refiriéndose al valor Economía, con esta rotunda frase:

“El dinero es un instrumento que puede tener un uso noble o un uso canalla”  

Porque no es sólo la elección de valores, sino su orden de prioridad y las asociaciones entre ellos, lo que más determina su repercusión sobre nuestras conductas.

Conclusión

¿Qué calidad de socialización cabe esperar en los menores, si quienes les educamos llegásemos a repudiar expresamente ciertos valores que, sin embargo, están en nuestra base? Pensemos en otras palabras-valor como Autocontrol, Deber, Esfuerzo, Responsabilidad… Valores que hoy vemos ya tan mal considerados que incluso padres/madres y docentes prefieren silenciarlos. Aun cuando la evidencia nos muestra que ello va en contra de sus necesidades sentidas, en contra de sus propias prioridades implícitas.

Yo al menos saqué una lección (además de la de trabajar todo esto con aquellas familias): menos santificar y demonizar palabras; menos mitificar y repudiar valores. Aunque sólo sea por simple coherencia entre lo que sentimos y lo que expresamos. Porque, entre otras razones, sin esta congruencia difícilmente educaremos bien.

Palabras-valor y palabras-mito

“Una de las características de nuestro tiempo es la tendencia, sin duda programada, a llenar de contenido absoluto ciertas palabras cuyo sentido, positivo o negativo, depende en gran medida de las circunstancias… Para conocer  a fondo una época  es necesario un estudio de las palabras que santifica y de las palabras que demoniza”  (B. Villacañas)

palabras-valor calle

Palabras-valor

Asistía a una conferencia de Federico Mayor Zaragoza (científico y político español, Director General de la UNESCO entre 1987-1999) y me resonó particularmente una idea: Estamos en una transición global en la que la fuerza de la ideología debe dejar paso a la fuerza de la palabra.

Yo estoy profundamente convencido del sentido y vigencia de las palabras-valor. Valores expresados a través de palabras con profunda carga emocional, palabras motivadoras y que amplían la conciencia. Así lo aprendimos con Freire y su palabra generadora, y es fundamento del marco epistemológico en que mejor me apoyo para hablar de valores: el modelo Hall-Tonna.

Pero, desafortunadamente, hace tiempo que el sectarismo ideológico contamina nuestro lenguaje con el germen de “lo políticamente correcto”. Y así llena sus discursos, sus enseñanzas, hasta sus leyes, de palabras que algún día significaron algún valor pero hoy apenas sabemos lo que significan, fruto de su abuso, sobrevaloración o tergiversación. Palabras manipuladas, al fin y al cabo, por eso que llaman “el poder ideológico”.

Palabras-mito

De este modo hemos llegado a perder el profundo significado de palabras como Solidaridad o Paz, tan sobadas en mítines y escuelas, en programas electorales y currículos educativos, que  conseguimos ablandarlas y vaciarlas de contenido auténtico. Por lo que ya apenas nos promueven emoción ni nos proporcionan Sentido.

Así también llegamos a experimentar la hipertrofia permanente de eso que llaman Tolerancia. Un valor que elevamos a primer orden en nuestra coyuntura histórica de la Transición, algo entonces incuestionable; pero que no hemos sabido reubicar en los márgenes, más ajustados, de la riqueza de la DiversidadComo dice Villacañas: “Vivimos en tiempos de tolerancia obligatoria” cuando “hay tantas cosas que son intolerables”.

Otro procedimiento por el que palabras-valor se nos convierten en palabras-mito, vacías de sentido, es  la manipulación de unas jerarquías de valores pretendidamente incuestionables. Jerarquías en las que unos destacan obligadamente la Seguridad, otros la Libertad y otros (u otras) la Igualdad. Y… ¡ay de quien ose contradecirles! Hemiplejía moral atinó a llamarlo Ortega y Gasset.

Los mitos no educan

Pero no se construye la Paz hablando constantemente de esa paz grandilocuente que no parece ser más que Equilibrio, apenas un orden sin conflicto armado… Ni se educa para la Solidaridad manoseando continuamente el término, cual si creyéramos que resulta igualmente significativo para el preescolar que para el universitario. Son muchos los valores intermedios, instrumentales, valores auténticos y secuenciados que, adecuados a cada persona y en cada momento de su necesidad y madurez, se convierten en potentes motivadores: Respeto, Cuidado, Generosidad, Empatía, Colaboración, Equidad, Justicia, Dignidad… Son valores más pegados al terreno, realmente vinculados a la acción, que etapa a etapa, fase a fase, contribuyen eficazmente a ampliar la conciencia del individuo y a forjar con él y en su entorno esos grandes ideales de Paz y Solidaridad.

Aquí muestro, a modo ilustrativo, una propuesta para el desarrollo de valores, secuenciados por etapas evolutivas, en torno a estas dos grandes (y, por lo mismo, complejas y abstractas) categorías de valores: Paz y Solidaridad. Se trata de un mapa axiológico que, partiendo del mencionado Modelo Hall-Tonna, ofrece unos itinerarios de valores que, a mi entender, facilitan un auténtico proceso de educación o mejora personal. Y así lo hemos utilizado en diversas actuaciones con educadores (docentes, técnicos, padres y madres) en claves de coaching educativo:

 

Mejor con coherencia

Claro está que, para promover esos itinerarios, quien propone los valores –sea político, asesor, intelectual o educador- debe ser alguien convencido y dispuesto a ejercitarlos; como diría Freire, dispuesto a “corporeizar las palabras con el ejemplo”. Y, desafortunadamente, no es esto lo que más a menudo nos encontramos.

palabras-valor jardín

Yo recuerdo una anécdota personal de hace unos años, tan sencilla como impactante fue para mí:

Era sábado por la mañana. Volvíamos mi esposa y yo de hacer la compra semanal en el mercado. Yo empujaba el carrito de la compra, recién repleto. Al llegar a un estrechamiento de la acera, un grupo de 5 o 6 personas charlaban distraídamente ante la puerta de una clínica, bloqueándonos el paso. Un hombre con muletas acababa de dar un rodeo para poder entrar al centro sanitario; ahora una joven con un cochecito de bebé optaba por bajar dificultosamente a la calzada para poder seguir adelante, si bien pasó a mi lado murmurando acerca del grupo en cuestión, que seguía indiferente.

Yo no quise ser uno más en ceder y luego murmurar, así que decidí seguir por la acera reclamando asertivamente mi espacio de paso. No pretendí hacerlo con acritud, pero mi malestar fue en aumento cuando, mientras pasaba entre ellos, llegué a oír su conversación: El grupo estaba hablando acaloradamente acerca de la falta de solidaridad que percibían en una propuesta del gobierno… Era evidente que ni se les pasaba por la cabeza que ellos, en lo más fácil y próximo, no aplicaban solidaridad, ni siquiera empatía. Como dijo Eric Hoffer:

“Es más fácil amar a la humanidad en general que a tu vecino”.

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

CONGRUENCIA = Expresar sentimientos y pensamientos de manera que lo que uno siente internamente sea lo mismo que lo que comunica externamente.

PALABRA = Comunicar verdades universales con tal claridad que el que escucha se haga consciente de sus limitaciones y experimente un nuevo sentido de sí mismo.

BÚSQUEDA DE SENTIDO (Esperanza) = Buscar y descubrir la propia individualidad y el sentido de la propia existencia. 

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002), Universidad de Deusto] 


 

Sin coherencia no hay Sentido

Dijo Freire que “la palabra verdadera transforma al mundo”. Pero también que “no hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre reflexión y acción”. Si en las supuestas palabras-valor no late la emoción, nos faltará el Sentido; pero si además falla la congruencia en la conducta –la acción– es que nunca hubo valor, tan sólo palabras.

Porque la coherencia no suele ser nuestro principal distintivo. Y porque las palabras-valor se nos han vuelto palabras-mito. Por eso propongo que para educar en valores deberíamos consensuar algunos itinerarios de valores operativos, con más congruencia y menos grandilocuencia. Valores (palabras-valor) más pegados al terreno, más vinculados a la acción, y menos influenciados por unos poderes ideológicos que siempre serán pasajeros.

Porque los Valores son nuestros horizontes de referencia, para el individuo y para la comunidad. Y parafraseando a Galeano: el horizonte sirve… para seguir caminando. Valores para que nuestro andar por este mundo tenga Sentido.