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El batiburrillo de los valores

Mezcla desordenada de cosas inconexas.

batiburrilloAsí define el Diccionario el término “batiburrillo”, como reza el título de este párrafo. Y eso es lo que, lamentablemente, me parece que hacemos a menudo cuando hablamos del concepto “valor”. Ya hicimos anteriormente alguna referencia a lo difícil que viene resultando  hacerse entender cuando hablamos de “valores” (La ambigüedad del concepto valor). Y esto nos ocurre igualmente en contextos coloquiales como en ciertos círculos profesionales.

Y hoy no cabe decir que el concepto no esté ya suficientemente clarificado… Yo suelo siempre recomendar, en nuestro contexto hispano, dos libritos que, ya a mediados del pasado siglo, abordaban y desmenuzaban el concepto “valor” con gran rigor y sin gran complejidad. Y, afortunadamente, tan libres de “psicología barata” como de politiquería innecesaria (que enturbian a menudo nuestra sociología hispana). Me refiero a:

Más allá de los clásicos

El batiburrillo que ahora comentamos va más allá de las más clásicas confusiones que ya hemos comentado en otras ocasiones. Más allá de las típicas mescolanzas entre los conceptos valores y virtudes que, tantos siglos después de Aristóteles, aplican un reduccionismo hoy poco admisible fuera de algunas perspectivas religiosas.

Quizás de ahí emana un concepto confuso y hasta peligroso: contravalores. Hoy pocos son quienes creen que existan “valores malos o negativos” o  contravalores. Más bien se trataría de detectar la presencia o ausencia de los diversos valores y la jerarquización entre ellos; claro que, para eso, sería necesario utilizar un instrumento de diagnóstico riguroso y validado. El propio Scheler, probable creador del término “contravalor”, lo desechó posteriormente. ¿Acaso creemos que alguien pueda tener como ideales de su vida la In-Justicia, la I-Responsabilidad o la Des-Igualdad?  Cosa bien distinta es que haya personas que no incluyan en su “lista de valores” alguno o algunos de estos tres – Justicia, Responsabilidad, Igualdad – y/o que  los tengan subordinados a otros valores bastante menos prosociales, como pudieran ser: Seguridad, Economía o Placer sensorial

Observamos confusión más allá, también, de las ya clásicas dialécticas entre valores objetivos y valores subjetivos, que aún hoy siguen haciendo discutir acerca del valor como algo deseable o algo deseado. El caso es que no nos resulta fácil tratar sobre valores sin que algún interlocutor caiga en confusiones “piadosas”, mientras otros pretendan repudiar el concepto desde el pseudo-progresismo de lo-políticamente-correcto. Unos y otros acaban desprestigiando el concepto por simple ignorancia; aunque los segundos me parecen más peligrosos, pues lo hacen pretenciosamente, incluso a veces con rango académico.

La variedad enriquece, pero también confunde

También sucede que hay modelos axiológicos con 3 categorías de valores (triaxial de Dolan), otros con 10 (Schwartz) y los hay con decenas de categorías (Hall & Tonna). Esta variedad no importa si en cada caso el modelo es consistente y se ha validado adecuadamente; y mejor si la validación fue transcultural o multicultural. 

Los hay que incluyen (y, normalmente, definen) 10 valores, 36 (Rokeach), 51 (Dolan) o 125 (Hall-Tonna). Esto tampoco debería ser un problema si cada profesional, en cada ocasión, conoce y aplica uno de esos modelos con cierto rigor y sin entrar en mezclas a conveniencia.

Pero sí es cierto que esto nos muestra un amplio margen de consideración acerca de qué es y qué no es un valor… Y esto es quizás causa fundamental de ese batiburrillo en torno a los valores, que genera desde hace décadas debates públicos y privados acerca de si “algo” debe o no considerarse un valor. Así, seriamente, lo venimos presenciando en torno a conceptos como Amor, Libertad o Felicidad, considerados o no como valores según el modelo con el que cada cual trabaja. Y sin duda se trata de una dialéctica enriquecedora; aquí no hay incongruencia, sino enriquecimiento conceptual.

La ignorancia osada

Pero, un paso más allá, el batiburrillo crece y se amplia cuando alguien se acerca a estos asuntos axiológicos sin ser consciente de su propia limitación, cuando no desconocimiento. Y entonces, utiliza el concepto “valores” como si fuera un cajón de sastre donde cabe cualquier palabra que represente alguna abstracción bien valorada en su contexto actual; o sea, políticamente correcta y/o aplaudida por la audiencia.

Así los hay que obsequian al mundo con perlas como las siguientes, un puñado al azar entre cientos de ejemplos bien fáciles de encontrar en Twitter:

…Cuán bien representa los valores de la incitación al antisemitismo tal cual dice el fallo en el que fue procesado.

Qué tristeza los pocos valores de la gente hoy en día, que un día te dicen mejor amiga y otro día te maltratan!

Qué lindas son las personas sencillas y con muchísimos valores!

…Para seguir compartiendo con todos los valores positivos y beneficios reales que el turismo puede representar”.

Otras propuestas confusas y difusas

Pero incluso en niveles técnicos de mayor rango, mucho más serios que un usuario de Twitter, encontramos confusiones que nos aturden a los propios técnicos y pudieran colaborar en la confusión de la que hablamos. Sirvan de ejemplo estas cuatro “patologías” ilustradas con ejemplos recientes:

Confusión de actitudes con valores:

En el Modelo Triaxial de Dolan (que, por lo demás, admiro y en ocasiones aplico) se incluye Puntualidad entre sus  51 valores. Dicen que es fruto de la validación del modelo en culturas orientales como China o Japón. Me da a mí que en realidad el valor al que se refieren es más bien Responsabilidad o Respeto, o una mezcla de ambos. Dos metas de conducta que, sin duda, no suelen tener muy en cuenta esas personas impuntuales recalcitrantes que todos conocemos.

Confusión entre valores y emociones:

Desde muchos años antes de mi vinculación a la FAD, guardo, uso y recomiendo sus guías y fichas didácticas sobre Cine y Educación en Valores, cada una en torno a una película. Pero en cualquier línea de excelencia puede encontrarse un bache. Y así me encontré en los materiales didácticos de Atrapa la bandera que bien poco se refieren a valores sino más bien todo gira en torno al reconocimiento de emociones. Lo cual tampoco está mal, aunque tiende a confundir… si no fuera porque además, bajo el epígrafe de “Las emociones” se mezclan conceptos nada “emocionales”, mucho más claramente asumibles como valores: Aceptación, Perseverancia, Misión

Sustracción de valores validados:

En algunas aplicaciones o adaptaciones de instrumentos axiológicos (en este caso, del Modelo de Hall-Tonna) hechas en España, se tiende a la eliminación de valores como Honor o Patriotismo, que forman parte de los 125 valores del modelo. Es cierto que en los cientos de personas a quienes hemos pasado en España el inventario de valores de Hall-Tonna, que incluía estos dos, no recuerdo que nunca nadie los haya elegido entre sus 20 prioridades. Pero, siendo rigurosos, esto no debería llevarnos a su eliminación de modelos e instrumentos ya validados multiculturalmente.

Adición de neo-valores:

Y del mismo modo que se restan, se suman. Así, es hoy bastante común la incorporación, incluso en estudios de alto nivel académico, de “valores” como Interculturalidad o Igualdad de género, como si su potente activación en discursos políticos hiciera necesario segregarlos abiertamente de sus respectivos Diversidad/Tolerancia e Igualdad/Equidad. Son esas palabras-valor mitificadas en nuestro contexto actual, de las que ya hablamos en un artículo anterior.

En definitiva: pienso que todos deberíamos ser más cuidadosos y exigentes en la utilización del concepto “valor”. Desde el ciudadano de a pie en su coloquio en la calle, hasta el investigador social o el profesor universitario en sus tesis y discursos académicos. Aunque, sobra decirlo, es mucho mayor la responsabilidad de estos segundos y, por ende, la de nosotros, los técnicos que usamos y abusamos del término, no siempre con el debido respeto o suficiente rigor.

 

 

Teorías axiológicas. El modelo Hall-Tonna

En artículos anteriores ya hicimos algún acercamiento a la evolución del concepto “valor”. E hicimos mención a la Teoría de valores humanos de Schwartz y el Modelo axiológico de Hall-Tonna como metodologías integrales y validadas para el trabajo con valores. Ambos modelos los definen de manera concreta y otorgándoles un significado comprensible. Ambos proponen una clasificación de valores que explica la relación dinámica entre ellos y facilita su comprensión dentro del marco del desarrollo humano. 

Sus respectivas metodologías e instrumentos constituyen herramientas consolidadas para la identificación y medición de valores humanos. Aunque, en el caso del Hall-Tonna resultan más difíciles su comprensión y aplicación en el aula con menores. En cambio, el modelo de Schwartz dispone de un instrumento de más sencilla aplicación y adaptado a edades menores, aunque proporciona una información bastante más limitada.

En el contexto español son numerosas las investigaciones que han respaldado la utilidad de uno y otro modelo a la hora de identificar los valores en una estructura teóricamente fundamentada y que favorece el posterior trabajo con los mismos. Incluso que han respaldado la complementariedad entre ambos modelos (1).

Naturaleza de los valores

Ambos modelos coinciden en conceptualizar los valores como guías que orientan la vida de las personas y que se reflejan en su comportamiento. Schwartz, siguiendo a Rokeach y desde una perspectiva sociocognitiva, prioriza el carácter subjetivo de los valores. Los presenta como representaciones internas del sujeto inherentes a tres tipos de necesidades universales básicas: biológicas, de interacción social y de supervivencia y bienestar del grupo. Hall subraya que los valores establecen en cada persona la conexión entre los mundos interior y exterior, pues ambos constituyen la realidad, reconociendo así la doble naturaleza subjetiva y objetiva de los valores.

Ambos reconocen la universalidad de los valores humanos y han sido comprobados en diversos contextos transculturales. Aunque, para ello, parten de distintas bases: Schwartz reconoce 10 “tipos motivacionales” o categorías axiológicas, a partir de 3 necesidades universales básicas. Hall y Tonna entienden que los valores corresponden a experiencias universales expresadas emocionalmente a través del lenguaje. Experiencias que ellos recogieron en 125 palabras-valor que llegaron a identificar a lo largo de 30 años de investigación.

El modelo de Hall-Tonna

Brian Hall y Benjamin Tonna ofrecen un modelo teórico completo sobre los valores en relación con el desarrollo humano: Desarrollo evolutivo, moral y de la conciencia. Un modelo empíricamente validado: Universidad de San Francisco y luego la American Psychological Association. Y en España, por la Universidad de Deusto (2). Constituye un modelo de valores integrador, de corte evolutivo, dinámico y sistémico, Evolucionado a partir de modelos anteriores que intentaron dar explicación a qué son los valores y cómo influyen en la conducta humana. Construido bajo la influencia de hasta 47 teorías de desarrollo:

  • Desde las fuentes clásicas aristotélicas, más próximas a las Virtudes
  • Hasta el pensamiento de Freireque vincula de forma dinámica lenguaje con desarrollo cultural, social e institucional
  • Y con especial fundamento en los respectivos modelos de Maslow y de Rokeach, que coinciden en considerar ambas dimensiones -objetiva y subjetiva- como parte de una misma y compleja realidad.

Hall y Tonna enfocaron el tema de los valores desde una perspectiva sociológico-experimental. Describiendo la realidad, pero no estableciendo juicios sobre la calificación de ésta. Propusieron la existencia de 125 valores que se dividen en dos tipos:

  • Valores meta: Describen ideales y fines, orientan y sostienen las actitudes. Nos impulsan y animan, son nuestros objetivos finales en la vida.
  • Valores medio: Reflejan y traducen los “meta” a códigos normativos y de conducta. Están vinculados a destrezas, capacidades y competencias.

De valores a comportamientos

La combinación de estos valores y la priorización de unos u otros determinará la conducta humana. Desde esta perspectiva es primordial entender la relación entre valores y conductas: Cada conducta es  manifestación de diversos valores que influyen significativamente en nuestra vida diaria. Según el modo en que cada uno, en cada momento, establece su orden de prioridades, surgen combinaciones. Tales combinaciones reflejan nuestra personal forma de ver el mundo y determinan nuestras actitudes ante él.

Los valores no son sólo los que se declaran verbalmente, sino aquellos que están en la base de las preocupaciones o necesidades de la persona, grupo o institución. Así se traducen en conductas y cada comportamiento es manifestación de la interacción de múltiples valores.

Hall-Tonna
Ilustradora: Rosamariposa. En: Blog Monigotes para pensar

Jerarquías y mapas de valores

Hall y Tonna, alineados con Maslow y Rokeach, exponen que las diferencias de comportamiento entre las personas vienen determinadas por su distinta selección y priorización de valores. Para ellos los valores no tienen sentido aislados con independencia unos de otros, sino en lógica subordinación. Hacen referencia a una mayor o menor importancia en la apreciación del sujeto que los descubre, ordenándolos en una jerarquía o escala interior que va a constituirse en guía de su conducta. Así dan lugar a perfiles únicos que pueden determinarse en “mapas axiológicos” concretos. En estos mapas no existen “valores malos” o “negativos” o contravalores, sino presencia o ausencia de valores y jerarquización entre ellos.

Probablemente no tenemos capacidad para atender a más de 10 prioridades en cada momento dado de nuestras vidas. Incluso dos personas, grupos o instituciones con los mismos diez valores, pueden manifestar conductas diferentes según cómo manifiesten sus prioridades. De acuerdo con el modo en que cada cual -individuo o grupo- establece sus prioridades de valor, surgen combinaciones únicas que reflejan su forma actual de ver el mundo y determinan sus actitudes.

Diagnóstico de valores

En cada persona los valores van cambiando a lo largo de la vida en un proceso dinámico y sistémico, influidos por las distintas situaciones y experiencias vividas. Así se establece una relación dinámica entre los valores y el desarrollo humano. De manera que, una vez identificados, pueden relacionarse de forma específica con el equilibrio y las etapas de madurez de la persona, grupo u organización.

Esta posibilidad de identificar y “medir” los valores es una aportación fundamental del modelo, que la entiende principalmente como parte de un proceso evolutivo de toma de conciencia, y de búsqueda de sentido o significado.

Pues, como dijera Brian Hall:

“Los valores se pueden elegir de manera consciente, pueden ser medidos y pueden convertirse en una herramienta que nos permita elegir nuevas aspiraciones para el  futuro, en lugar de vivir nuestras vidas bajo la directiva de otras personas.”

Esta metodología puede aplicarse también en las organizaciones. De hecho cuenta con una significativa experiencia de aplicación en instituciones educativas y organizaciones sociales. Así pueden llegar a entender los valores colectivos de sus miembros, personal y equipos directivos, y de la propia entidad. Pueden analizar sus prioridades y desarrollar planes de acción encaminados a la mejora continua y el desarrollo de liderazgo.

De esta forma el trabajo sobre valores se transforma en una herramienta psico-educativa mediante la cual las personas y las organizaciones obtienen una nueva perspectiva que les ayuda a desarrollar su potencial y resolver sus problemas.


(1) KORRES O., ELEXPURU I. La medición e identificación de valores: complementariedad entre los modelos de Schwartz y Hall-Tonna. Rev. Int. de Educación y Aprendizaje, Vol 3, Nº 1, 2015.

(2) ELEXPURU, I. Y MEDRANO, C. (2001) Desarrollo de los Valores en las instituciones educativas. Secret. Gral. del MECD y Ed. Mensajero. Disponible en https://goo.gl/TY09bf

Valores: Del concepto a los métodos

Un valor es una convicción o creencia estable en el tiempo de que un determinado modo de conducta o una finalidad existencial es personal o socialmente preferible a su modo opuesto de conducta o finalidad (Milton Rokeach)

Valor es una meta transituacional deseable, variable en importancia, que sirve como guía o principio en la vida de una persona u otra entidad social (Shalom H. Schwartz)

Ideales que dan forma y significado a nuestras vidas. Se manifiestan en las prioridades que elegimos, las decisiones que tomamos y las acciones que emprendemos. (Brian P. Hall)

Pero… ¿qué son los valores?

Podríamos llenar páginas y páginas con definiciones como éstas acerca de los valores. Con diferentes puntos de vista, más bien complementarios que contrapuestos. En definitiva, ha habido y hay visiones diversas pero complementarias del concepto valor: creencias, pautas, criterios, metas, esencias, ideales… Porque el mejor acercamiento a éste, como a tantos otros fenómenos humanos, surge de integrar diferentes perspectivas. Como en aquella parábola hindú de Los ciegos y el elefante, que relataba cómo para identificar al elefante era necesario sumar las percepciones parciales de cada uno de los ciegos, que lo reconocían como un tronco, un muro, una serpiente, etc.

ciegos y elefante
Illustrator unknown – From Charles Maurice Stebbins & Mary H. Coolidge, Golden Treasury Readers: Primer, American Book Co. (New York), p. 89., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4581171

 

Y es que, como indicaba López Quintás (1):

Los valores son vertientes de la realidad ambigüas por naturaleza, carentes de contornos definidos, rebosantes de dimensiones y, como tales, muy difíciles de reducir a un estudio analítico preciso y riguroso.

Pero, como ya expusimos en un artículo anterior, en el fondo late una vieja dialéctica de la Axiología, sobre si los valores son algo objetivo o subjetivo. 

Del concepto a las teorías

La diferencia entre valores deseados por la persona (subjetivos) y valores deseables (objetivos) no es una simple cuestión de matiz, sino de fondo. A lo largo de la historia contemporánea han sido muchos los autores que, a falta de una teoría definida y una metodología adecuada, han hecho pendular entre objetivismo y subjetivismo. Y aún hoy, ante el objetivismo tradicional más reduccionista y el subjetivismo radical más relativista, hemos de estar alerta. Si no, podrían conducirnos a metodologías ineficaces y con el riesgo mayor de acabar al servicio de presiones ideológicas.

Como consecuencia, la descripción de teorías de desarrollo moral muestra un conflicto entre dos posiciones. La primera, la educación del carácter, postula la enseñanza/aprendizaje de unos valores concretos, considerados básicos para la convivencia en las sociedades modernas. La segunda, prima el desarrollo del juicio moral y no está de acuerdo con enseñar unos valores concretos. Ésta propone que en los primeros años, en la niñez, y a aquellas personas que no hayan desarrollado su pensamiento abstracto o lógico, es más adecuado educarles dentro de un código moral o valores concretos del contexto al que pertenezcan. Más tarde en la adolescencia, cuando los sujetos ya poseen un pensamiento lógico elaborado, se pueden utilizar otras estrategias y técnicas. Lo más interesante de estos planteamientos, para quienes trabajamos desde una perspectiva educativa, es la necesidad de integrarlos, nuevamente, en lugar de analizarlos como modelos o enfoques contrapuestos.

valores teorías

¿Que son valores para nosotros?

Desde nuestra perspectiva psico-educativa los valores son referentes valiosos para las personas, que ofrecen significado a sus vidas y se convierten en motores del comportamiento. Engloban ideales, intereses, motivaciones y necesidades que rigen la vida y la conducta. Siempre hay valores actuando en la vida de cada persona. Es importante identificarlos para poder intervenir en su desarrollo. Constituyen la base que da significado, impulsa y motiva nuestro desarrollo personal. Y también el de las organizaciones.

No creemos que existan valores “malos” o negativos, esos llamados contravalores. Más bien debiéramos hablar de la presencia o ausencia de uno u otro valor y la jerarquización entre ellos. El propio Scheler, probable creador del término “contravalor”, lo desechó posteriormente. ¿Acaso creemos que alguien pueda tener como ideales de su vida la In-Justicia, la I-Responsabilidad o la Des-Igualdad? Cosa bien distinta es que haya personas que no incluyan en su “lista de valores” alguno/os de estos tres: Justicia, Responsabilidad, Igualdad. O que los tengan subordinados a otros valores bastante menos prosociales, como pudieran ser: Seguridad, Economía o Placer sensorial.

Valores, jerarquía y conducta

Así entendidos, los valores no son sólo los que se declaran verbalmente, sino aquellos que están en la base de las preocupaciones e intereses, necesidades y aspiraciones. La combinación de éstos y la priorización de unos u otros determina la conducta del individuo. Cada conducta es manifestación de diversos valores, que influyen significativamente en nuestra vida diaria. Según el modo en que cada uno, en cada momento, establece su orden de prioridades, surgen combinaciones que reflejan nuestra personal forma de ver el mundo y determinan nuestras actitudes ante él.

Probablemente no tenemos capacidad para atender a más de diez prioridades en cada momento dado de nuestras vidas. Incluso dos personas, grupos o instituciones con los mismos diez valores, pueden manifestar conductas diferentes según cómo manifiesten sus prioridades. De acuerdo con el modo en que cada cual -individuo o grupo- establece sus prioridades de valor, surgen combinaciones únicas que reflejan su forma actual de ver el mundo y determinan sus actitudes.

En cada persona los valores van cambiando a lo largo de la vida en un proceso dinámico y sistémico, influidos por las distintas situaciones y experiencias vividas. Así, se establece una relación dinámica entre los valores y el desarrollo humano; de manera que, una vez identificados, pueden relacionarse de forma específica con el equilibrio y las etapas de madurez de la persona, grupo u organización. Y, del mismo modo, también con los estadios de desarrollo de liderazgo.

De teorías a metodologías

Por todo esto nos parece tan importante poder contar con metodologías que incorporen ambas dimensiones: objetiva y subjetiva. Metodologías validadas e integradoras, construidas sobre el trabajo precedente de pensadores e investigadores. Con un enfoque comprensivo de una realidad que no es ambigua sino relacional (y por ello profundamente humana) para abordar la identificación y análisis de los valores. Creemos que eso hace posible trabajar con rigor profesional, sin sucumbir ante dogmatismos ni relativismos. Y nos enfoca al desarrollo (personal o colectivo) basado en los valores, con propuestas para la mejora continua y la transformación del individuo y de la sociedad.

Entre esas metodologías integrales y validadas hemos considerado que la Teoría de valores humanos de Schwartz y el Modelo axiológico de Hall-Tonna resultan de especial relevancia en el ámbito psico-educativo. Ambos modelos y sus respectivos instrumentos constituyen herramientas consolidadas para identificación y medición de valores humanos. Y favorecen el trabajo con valores, ya que los definen de manera concreta y otorgándoles un significado comprensible. Además, ambos proponen una clasificación de valores que explica la relación dinámica entre ellos y facilita su comprensión dentro del marco de desarrollo humano.

En el contexto español hay numerosas investigaciones que han respaldado la utilidad tanto del modelo de Schwartz como del de Hall-Tonna, incluso la complementariedad entre ambos (2), a la hora de identificar los valores en una estructura teóricamente fundamentada y que favorezca el posterior trabajo con los mismos. 


  1. López Quintás (1992) El conocimiento de los valores. Ed. Verbo Divino: Pamplona.
  2. Korres & I. Elexpuru. La medición e identificación de valores: complementariedad entre los modelos de Schwartz y Hall-Tonna. Rev. Int. Educación y Aprendizaje, vol 2, nº 2, 2014.

 

A continuación se puede ver una breve presentación sobre la evolución del concepto “valor”, extraída de nuestros materiales audiovisuales para la formación. En concreto, una secuencia acerca de la superación de la dialéctica entre subjetivismo y objetivismo axiológico:

¿Igualdad o Diversidad?

“Cuando todos piensan igual es que ninguno está pensando” (Walter Lippmann)

Igualdad o Diversidad… ¿en qué quedamos?

Haceigualdad o diversidad unos días llegó a mis manos un artículo de Ricardo García Manrique, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Barcelona. No tengo costumbre de leer textos sobre materia jurídica, salvo cuando me los recomienda mi hijo, que es del gremio. Pero éste me llamó la atención desde el principio porque se refería a un asunto axiológico. Concretamente sobre el concepto de Igualdad.

He de reconocer que el término “igualdad” constituye para mí una inquietud constante. Porque forma parte de esas palabras-mito que considero sobrevaloradas, elevadas a un rango superior al que les corresponde. Un rango desde donde a menudo sirven como moneda de cambio a los poderes fácticos. Por eso mismo, ¿cómo iba a dejar de leer un trabajo que me llegaba presentado bajo el lema “La igualdad no es un valor”?

“La igualdad no es un valor”

Destaco el argumento para mí más significativo del artículo de GARCÍA MANRIQUE:

“A la hora de justificar axiológicamente normas, derechos o acciones […] debemos evitar el uso valorativo del término «igualdad» o, si lo seguimos usando, ser conscientes de que no designa un valor distinto del de la justicia o el de la libertad. De este modo, las propuestas políticas igualitaristas, como la que expresan los derechos sociales, resultarán mejor articuladas y más atractivas. […]

La igualdad que es valiosa es la que es justa, y sólo algunas igualdades lo son, luego es la justicia la que es valiosa y no la igualdad como tal, que puede ser buena, mala o irrelevante. […] Tampoco los derechos sociales presuponen un dilema entre la libertad y la igualdad que resuelvan a favor de la segunda, sino que presuponen un dilema entre la mucha libertad de unos y la poca libertad de otros, que resuelven distribuyéndola entre todos por igual”.  La semántica confusa de la igualdad. DOXA, Cuadernos de Filosofía del Derecho, 33 (2010) pp. 591-624.


He de decir que de inmediato me sentí identificado con dicho argumento, totalmente congruente con las consideraciones sobre el concepto “igualdad” según el modelo axiológico de Hall-Tonna (marco epistemológico e instrumental básico de nuestro trabajo con valores). Tales consideraciones sitúan la igualdad como algo necesariamente implícito o consecuente a otras palabras-valor: Derechos, Libertad, Justicia. Valores que coincido con García Manrique en considerar más relevantes y auténticos. 


TECNOLOGÍA DE VALORES

EQUIDAD / DERECHOS = Defender desde el punto de vista moral y ético, la igualdad legal y social de todas las personas.

IGUALDAD / LIBERACIÓN = Experimentar que uno tiene el mismo valor y derechos que los demás. Es la conciencia crítica del valor del ser humano.

JUSTICIA / ORDEN SOCIAL = Emprender actuaciones concretas para abordar, confrontar y corregir condiciones de desigualdad y opresión humana, con el fin de hacer presente y real el hecho de que todo ser humano tiene el mismo valor.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


Igualdad o igualdades

Y si la igualdad sólo es valiosa si es justa, y hay otras “igualdades” malas o irrelevantes, entonces ¿a qué viene tanto abuso del término “igualdad”?

Baste un botón de muestra: en Andalucía, comunidad donde resido, la estructura de gobierno (en manos de un mismo partido desde hace 35 años) ha estado contando con una macro-consejería que gestionaba dos de los cuatro pilares del Estado de Bienestar: Sanidad y Servicios Sociales; sin embargo su denominación venía siendo Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, simplificada -claro- para la población como “consejería de igualdad”. Parece que esa pregonada Igualdad fuese el primer y más importante objetivo de su gobernanza, separada de Sanidad y Servicios Sociales para mayor protagonismo, e incluso antepuesta a ellas.

Tal vez, como escribió González Faus, para ciertas facciones ideológicas este recurso constante al valor igualdad se haya convertido en tablón al que aferrarse en medio de “el naufragio de la izquierda“. Quizás sea un guiño -¿buenista o electoralista?- a aquello que Juan Manuel de Prada denominó “la igualdad de los resentidos”:

“El resentimiento, disfrazado de reclamación de igualdad adulterada (puesto que ya no es igualdad de origen, sino negación de los méritos personales de cada uno)”

Diversidad, más que Tolerancia

Frente a ese igualitarismo manipulado (y manipulador) parece que hayamos olvidado o perdido el sentido de otro valor. Un valor que a muchos nos parece menos irreal y más constructivo: la riqueza de la diversidad; evolucionada a partir de otro más básico y -por lo mismo- menos enriquecedor, como es unidad-uniformidad.

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

UNIDAD / UNIFORMIDAD = Potenciar la armonía y el acuerdo en una institución para lograr eficacia, orden, lealtad y conformidad con las normas establecidas.

UNIDAD / DIVERSIDAD = Reconocer y aceptar el enriquecimiento que supone el contar con diferentes puntos de vista y opiniones.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


En este país hace 40 años iniciamos una esforzada y eficaz pedagogía social para la recuperación de un valor al que llamábamos “tolerancia“. Pero parece que falsos igualitarismos (hembrismos, multiculturalismos y otros -ismos posmodernos) no hacen más que socavar precisamente esa diversidad que proclamábamos prioritaria. Quizás precisamente nos equivocamos en sobrevalorar aquella tolerancia…

Pues, en fin de cuentas, “tolerar” sin más ¿qué mérito tiene? El mayor conformista del mundo podría considerarse un perfecto tolerante. El peor de los relativismos, pese a su pobre ética, pasaría por prototipo de tolerancia. Por eso se me quedó grabada aquella reformulación que, años atrás, nos hacía el catedrático de Sociología Javier Elzo, proponiendo la denominación “tolerancia activa” si queríamos referirnos a un valor auténticamente relacionado con el respeto y la riqueza de la diversidad.

Igualdad

¿Y en la Educación?

Creo que en nuestro sistema educativo, en nuestras escuelas, tan sólo aparentamos tener muy en cuenta estos dilemas de la igualdad / diversidad. Pero no damos suficiente sentido a ninguna de tales palabras-valor, no sea que se contradigan; lo cual es muy probable. Ni las priorizamos adecuadamente, en cada caso, por miedo a lo políticamente correcto. Y esto nos crea no pocas confusiones y discusiones; por ejemplo cuando se trata de evaluar. La evaluación, asunto importante, pero tan sobrevalorado hace décadas como injustamente denostado en nuestra pedagogía posmoderna.

Pienso que ya va siendo hora de que nos esforcemos en superar nuestros estériles debates entre equidad y calidad. Y es tiempo de que aprendamos (de verdad) algo de ese aclamado sistema educativo finlandés, que ya hace décadas superó tal disyuntiva y  convirtió el asunto en un pacto de estado. Algo que aquí nos sigue pareciendo imposible de alcanzar.

Conclusión

En fin, que no me resigno a las “igualdades injustas” y la “tolerancia obligatoria en un mundo con tantas cosas intolerables” (Beatriz Villacañas). Por eso las discuto. Pero debo reconocer con cierta desesperanza que esto no es nada nuevo en nuestra España, donde llevamos siglos con vacíos discursos de falso igualitarismo: mal-igualando siempre por debajo, lo cual implica evidentemente un serio obstáculo para alcanzar la excelencia.

Por eso me resulta tan divertido y actual aquel famoso epigrama escrito hace 150 años por Manuel del Palacio. Por cierto, frecuentemente atribuido, no sé por qué, al argentino Padre Castellani. O, aún peor, a nuestro Lope de Vega:

«¡Igualdad!», oigo gritar / al jorobado Torroba.

y se me ocurre pensar:

¿Quiere verse sin joroba, / o nos quiere jorobar?

La ambigüedad del concepto Valor

¿De qué hablamos cuando hablamos de “valores”?

Identifique sus valoresCuando me implico en un diálogo o interacción de cualquier tipo en torno al concepto “valor” observo que raramente hablamos de un mismo asunto.

Sea en una reunión de amigos o en el ámbito profesional. Sea en un diálogo presencial o en un entorno virtual como las redes sociales. En todo caso resulta evidente que unos y otros nos referimos de forma bien diferente a ese objeto de conocimiento que denominamos valores.

Y lo más preocupante, según percibo, es que predominan posiciones extremas. Están los más piadosos, que abordan los valores como estrechamente unidos a las virtudes, como si nada hubiésemos aprendido desde Aristóteles. Y luego han llegado esos nuevos gestores y coachs, que cosifican los valores y los tratan como estrategias para la mejora de la producción. Acaso los confunden con aquellos otros valores económico-financieros o bursátiles… Por no hablar del uso que les dan los políticos, en los que cualquier manipulación desde el lenguaje ya apenas nos sorprende.

¿Qué dice la Filosofía?

Filosofía a la calle

En esos momentos -nunca pensé que diría esto- echo de menos a los filósofos. Sí, porque me pregunto qué dicen ellos hoy acerca de este asunto de los valores, tan específicamente humano. O peor: ¿por qué dicen tan poco? ¿Por qué parece que han dado la espalda a estas cuestiones, dejándolas confusas e imprecisas? Dejándolas al albur de lo que cada grupo ideológico o profesional quiera dar a entender o representar con “valor”.

Me viene a la mente (y recupero en una vieja ficha de lectura) un párrafo con el que ya hace un par de décadas nos alertaba López Quintás :

El conocimiento de los valores (1992)

Los valores son vertientes de la realidad ambiguas por naturaleza, carentes de contornos definidos, rebosantes de dimensiones y, como tales, muy difíciles de reducir a un estudio analítico preciso y riguroso. Si no se dispone de una idea clara acerca de los modos diversos de rigor y precisión intelectual que son posibles en el conocimiento de los diferentes modos de realidad, se corre el riesgo de pensar que es inviable el logro de un lenguaje filosófico suficientemente aquilatado acerca de los valores. De hecho, no es infrecuente que los pensadores, al tratar esta cuestión, utilicen modos expresivos más propios -a primera vista- de la creación poética o de la literatura piadosa que de una investigación filosófica.

La dialéctica

Y es que en el fondo de este asunto late una vieja dialéctica de la Axiología, entre objetivismo y subjetivismo. Un debate que resulta urgente revisar, dada la renovada referencia a los valores. En materias y entornos tan diversos, que van desde la Pedagogía a la Política, desde la Psicología al Management.

Hagamos un brevísimo recorrido histórico en torno a esta dialéctica sujeto-objeto. En la historia antigua (Platón, Aristóteles, La Escolástica) el estudio sobre lo que hoy llamamos “valores” se confunde con lo que se denominaban “virtudes”. Nada, por tanto, más claramente “objetivo”: Disposiciones de la persona para hacer el bien obrando de acuerdo a determinados ideales conforme a la razón natural o socialmente establecidos. En todo caso, llámense “virtudes” o “valores morales”, se trataba de un tipo específico de valor, no la generalidad de los valores.

Por contraposición, llegamos al subjetivismo axiológico clásico, a fines del XIX con Meinong y Efherels y sus dialécticas sobre el deseo y el agrado como fundamento del valor. 

Subjetivistas

Ya en el siglo XX, positivistas de la talla de Wittgenstein, Ayer o Russell, insistieron sobre el aspecto emocional como base de la valoración. Ellos concluyeron que los valores son circunstanciales, expresiones de sentimientos o deseos personales. Y eso los hace materia de la Psicología y la Sociología, no de la Ética. Tampoco desde el Existencialismo (Sartre) encontraban nada objetivo en los valores, sólo fruto de la libertad individual.

En los años 60, el Movimiento de Clarificación de Valores (Raths, Harmin & Simon) puso el énfasis en los valores como prioridades subjetivas elegidas personalmente. Metodológicamente se oponían a técnicas anteriores de inculcación de valores humanos, que consideraban adoctrinamiento. No estaban interesados en el contenido de los valores y en cuáles debe o no debe un niño elegir, sino más bien en el proceso de valoración en sí mismo. Para ello proponen criterios sobre cómo un individuo forma y elige un valor. Niegan que existan unos valores mejores que otros. Proponen que cada individuo es libre de elegir sus propios valores, cualesquiera que estos sean. Y hacerlo a través de un proceso esquematizado en: optar, preferir y adherirse a un sistema de valores. Sus técnicas, abundantemente utilizadas en medios educativos, han sido también cuestionadas por falta de objetivo. Incluso porque su aplicación indiscriminada pudiera alimentar un relativismo demoledor en la Ética.

Objetivismo

Por contra, también a mediados del siglo XX encontramos a Lawrence Kohlberg abanderando la propuesta y defensa del objetivismo axiológico. Antes había sido impulsado desde la Fenomenología como reacción a los positivismos. Kohlberg, discípulo y continuador de Piaget, fue gran impulsor de la educación moral, privilegiando el papel del juicio o razonamiento. El desarrollo cognitivo sobre el desarrollo moral. No cabe duda de sus grandes aportaciones, como el análisis de estándares objetivos y elecciones éticas en clave evolutiva. Hoy sigue influenciando, particularmente en ámbito educativo, el abordaje de los valores con conceptualizaciones y estrategias (dilemas morales…). No obstante, se le critica por reduccionista en su punto de partida. Y sus técnicas se consideran más próximas al dogmatismo y al adoctrinamiento que a un auténtico sentido del desarrollo.

Realidades inobjetivas

En conclusión: el objetivismo tradicional por reduccionista y el subjetivismo por relativista pueden conducir a metodologías ineficaces. Y con un riesgo mayor: acabar al servicio de presiones ideológicas. Y la falta de una metodología adecuada al objeto de conocimiento “valores”, hará pendular ineficazmente entre objetivismo y subjetivismo.

Pero en el fondo se halla una deficiencia importante, que viene marcando históricamente el abordaje de los valores. Precisamente por tratarse de una de esas realidades más específicamente humanas, de las que tanto hablaron Maslow y RogersRealidades vinculadas a procesos creadores y dialógicos, fruto del encuentro entre el Hombre y su entorno. Realidades relacionales, en las que “lo real” no se opone a “lo ideal”, y en las que lo objetivo y lo subjetivo se entrecruzan. Jaspers y Marcel las denominaron “realidades inobjetivas” y para López Quintás son “realidades ambitales”.

Evolución modelos axiológicos

Superando la dialéctica

Afortunadamente, en este aspecto el propio siglo XX nos ha ido dejando (desde la Filosofía, más que la Sociología) tesis de grandes autores – Scheler, Hartmann, Ortega y Gasset, Frondizi… y el propio Kohlberg – que evolucionaron a partir del objetivismo hacia una especie de “idealismo objetivo” que reconoce el protagonismo del individuo en el proceso de valoración de esas “cualidades objetivas ideales” que denominamos valores.

El valor como algo que procede del objeto, pero en el que sólo la persona puede captar esa realidad valiosa; cada una desde su perspectiva, limitada y circunstancial y por tanto subjetiva (Ortega) pero partiendo de una realidad objetiva, para llegar a estimar y preferir. Como sentenció Scheler: “Lo bueno en sí para mí”; porque su carácter individual (referencia vivida, sentida: “para mí”) no elimina su objetividad (“en sí”).

El modelo de Hall y Tonna

Por eso es tan importante contar con metodologías que, sobre el trabajo precedente de pensadores e investigadores, incorporen ambas dimensiones: objetiva y subjetiva. Para así lograr un enfoque comprensivo de una realidad, más que ambigua, “relacional”; y por ello profundamente humana. Metodologías validadas para abordar con rigor la identificación, evaluación y análisis de los valores.

Eso hace posible trabajar con rigor profesional para el desarrollo personal o corporativo basado en los valores. Y elaborar propuestas para la mejora continua y resolución de crisis. Luego, en función de la experiencia y técnica del profesional, pueden enfocarse desde la educación, clínica, coaching, gestión o desarrollo de liderazgo.

Nuestra búsqueda nos condujo (porque nada es mero azar) a conocer el modelo de Hall-Tonna. Evolucionado a partir de modelos anteriores que intentaron dar explicación a qué son los valores y cómo influyen en la conducta humana. Constituye un modelo de valores integrador, de corte evolutivo, dinámico y sistémico. Un modelo construido bajo la influencia de hasta 47 teorías de desarrollo. Desde las fuentes clásicas aristotélicas, más próximas a las Virtudes, hasta el pensamiento de Freire, que vincula de forma dinámica lenguaje con desarrollo cultural, social e institucional. Y con especial fundamento en los modelos de Maslow y de Rokeach, que coinciden en considerar ambas dimensiones -objetiva y subjetiva- como parte de una misma y compleja realidad.