Voluntad para motivarnos

“No es de extrañar que haya aparecido una industria de la motivación: consejeros motivacionales, coaching motivacional, oradores motivacionales. Una especie de anfetaminas de uso legal” (J.A. MARINA)

estudiandoMotivación versus Voluntad

Hace ya un cuarto de siglo, cuando yo empezaba a asentarme profesionalmente en la rehabilitación de adictos, tomé conciencia de la excesiva referencia al constructo MOTIVACIÓN, que llegaba a desplazar al clásico concepto de VOLUNTAD. Y empecé a cuestionarlo en mis intervenciones, porque ya entonces me parecía peligroso sustituir un concepto como voluntad, algo inherente al individuo, que depende fundamentalmente de su propia disposición, por otro como motivación, que depende de alguna fuente externa. Pues peligroso es basar nuestra expectativa en algo no controlado por uno mismo y a lo que siempre cabe la posibilidad de echar la culpa.

Yo, por entonces, leía con avidez la obra de Viktor Frankl, y me entusiasmaban sus constantes referencias a la “voluntad de sentido” y el “autodistanciamiento” para analizarse a uno mismo con una perspectiva más integradora, holística, y lograr la adaptación y el cambio personal sin conformarse con la justificación de los condicionantes internos o externos.

Huelga decir que, en mi ámbito profesional de por entonces, estos cuestionamientos míos a la solución motivacional no tenían mucho éxito. Pues hablar de voluntad ya se había vuelto algo “out”; lo “in” era (y me temo que siga siendo) hablar de motivación. Recuerdo una anécdota, tan desternillante como preocupante a la vez,con un compañero cuando revisábamos nuestras intervenciones psico-educativas para la rehabilitación de jóvenes adictos. Llegó a la curiosa conclusión de que teníamos que mejorar “nuestra capacidad de motivarlos para que ellos se auto-motiven”… Y otro compañero redondeó la ocurrencia afirmando que el problema era que “para enseñarles auto-motivación nosotros debemos antes aprender a auto-motivarnos”. ¡Ahí es nada!

Motivación, comportamiento y esfuerzo

Indagando sobre esto descubrí con satisfacción que crítica muy similar la efectuaba ya en sus escritos José Antonio Marina [1], cuyos artículos y primeros libros yo ya leía y apreciaba, aunque aún no habían alcanzado la resonancia que tuvieron luego. Y, según pude leer más recientemente, Marina continúa criticando duramente esa omnipotencia de la motivación. Véase este texto que encontré en un periódico digital [2]:

“… Empezó entonces una odisea que ha afectado seriamente a nuestros sistemas educativos, a la comprensión de la conducta humana y a nuestra vida social y política. […] ¿Qué sucede cuando no estamos motivados? Pues que no podemos actuar. Y, además, que podemos echar la culpa de nuestra inacción a quien no nos motiva. El problema educativo se convirtió en un problema motivacional. Lo importante era motivar a los alumnos porque, de lo contrario, ¡cómo iban a poder estudiar! Pero esto supone una dependencia de la fuente de motivación. […] Lo que estamos aceptando como dogma de fe es que si no tengo ganas de hacer una cosa no es que no la quiera hacer, es que no puedo hacerla. Y esto es radicalmente falso, moralmente destructivo, y ha emponzoñado toda nuestra relación educativa”.

PROHIBIDO SENTARSE

Claro que en esta sociedad occidental infantilizada y victimista – como diría Bruckner [3] – más dada a placeres que a deberes y valores; en este “mundo feliz” que nos quieren vender… no haría falta el ESFUERZO. Ni, por tanto, sería necesaria voluntad alguna: el énfasis se pone en “motivarse”… o ni siquiera eso si precisa algún esfuerzo.

Voluntad y valores confrontados

Volviendo con Marina: Cabría esperar que pedagogos, y educadores en general, luchasen para que la voluntad (o como quieran renombrarla) sea tenida en cuenta, o si no su labor será inútil. Pero, en la práctica, ellos mismos se sumaron a ese carro del determinismo, reinventando la motivación y dándole una prioridad inmerecida. Esto es: suponiendo que los actos humanos sólo deben ser movidos por el principio del PLACER, y que lo que se ofrezca al individuo sólo será aceptado si le resulta placentero. El resultado, naturalmente, es un fracaso. Porque esperar que todo lo que ofrecen instituciones educadoras, como familia y escuela, sea aceptado como placentero siempre y por todo el conjunto de los educandos, sean cuales sean sus circunstancias e intereses… es simple desiderata. O más sencillamente: una tontería.

Hay que decir, sin embargo, que en sus escritos más recientes el propio Marina justifica en cierto modo aquella eliminación del concepto “voluntad”. Y lo hace con argumento, a mi entender, tan débil como que “fue una idea usurpada por regímenes dictatoriales” (refiriéndose, en origen, al nazismo). ¿Acaso también debiéramos prescindir hoy de conceptos o valores como Igualdad o Libertad, Patriotismo o Solidaridad, dada su usurpación por una u otra facción política? Desde luego yo pienso que no; pero -eso sí- deberíamos desmitificarlos, delimitar esos conceptos y confrontar su manipulación ideológica; lo mismo que con la Voluntad. 

¿Motivación versus esfuerzo?

En fin de cuentas, es más o menos lo que ahora hace Marina al actualizar, más que sustituir, el factor VOLUNTAD por lo que él llama “FACTOR E”, referido a las funciones ejecutivas del cerebro, encargadas de autogestionar los recursos de la inteligencia. Algo que el cerebro hace, por ejemplo, procurando suscitar la motivación adecuada; o dirigiendo la atención hacia los premios o manteniendo presente la meta; inhibiendo tentaciones, o entrenándome para soportar el esfuerzo.

Pero Arnold M. Washton, un especialista en el tratamiento de adicciones, escribió: “La voluntad no funciona como un interruptor, sino como un complejo hábito” [4]. No esperemos de ella otra “solución rápida”, como a veces nos quieren hacer creer acerca de la motivación desde las hoy llamadas “psicologías positivas”.

Guste o no a algunos, la inteligencia humana ha ido elaborando procedimientos que nos permiten actuar aunque no estemos motivados. Uno es, desde luego, el SENTIDO DEL DEBER; pero –claro- tan sólo nombrarlo ya ocasiona cierto desprestigio en los círculos técnicos y académicos hoy dominantes… Otro constructo o valor hoy fatalmente repudiado por muchos; pero ése será otro tema.


[1] J.A. Marina (1997). El misterio de la voluntad perdida. Anagrama.

[2] J.A. Marina. El retorno de la voluntad, en El Confidencial, 17/02/2015

[3] P. Bruckner (2002, 4ª ed). La tentación de la inocencia. Anagrama.

[4] A.M. Washton & D. Boundy (1991) Querer NO es poder. Paidos Ibérica.

Print Friendly

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *