“Cuando todos piensan igual es que ninguno está pensando” (Walter Lippmann)

Igualdad o Diversidad… ¿en qué quedamos?

Haceigualdad o diversidad unos días llegó a mis manos un artículo de Ricardo García Manrique, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Barcelona. No tengo costumbre de leer textos sobre materia jurídica, salvo cuando me los recomienda mi hijo, que es del gremio. Pero éste me llamó la atención desde el principio porque se refería a un asunto axiológico. Concretamente sobre el concepto de Igualdad.

He de reconocer que el término “igualdad” constituye para mí una inquietud constante. Porque forma parte de esas palabras-mito que considero sobrevaloradas, elevadas a un rango superior al que les corresponde. Un rango desde donde a menudo sirven como moneda de cambio a los poderes fácticos. Por eso mismo, ¿cómo iba a dejar de leer un trabajo que me llegaba presentado bajo el lema “La igualdad no es un valor”?

“La igualdad no es un valor”

Destaco el argumento para mí más significativo del artículo de GARCÍA MANRIQUE:

“A la hora de justificar axiológicamente normas, derechos o acciones […] debemos evitar el uso valorativo del término «igualdad» o, si lo seguimos usando, ser conscientes de que no designa un valor distinto del de la justicia o el de la libertad. De este modo, las propuestas políticas igualitaristas, como la que expresan los derechos sociales, resultarán mejor articuladas y más atractivas. […]

La igualdad que es valiosa es la que es justa, y sólo algunas igualdades lo son, luego es la justicia la que es valiosa y no la igualdad como tal, que puede ser buena, mala o irrelevante. […] Tampoco los derechos sociales presuponen un dilema entre la libertad y la igualdad que resuelvan a favor de la segunda, sino que presuponen un dilema entre la mucha libertad de unos y la poca libertad de otros, que resuelven distribuyéndola entre todos por igual”.  La semántica confusa de la igualdad. DOXA, Cuadernos de Filosofía del Derecho, 33 (2010) pp. 591-624.


He de decir que de inmediato me sentí identificado con dicho argumento, totalmente congruente con las consideraciones sobre el concepto “igualdad” según el modelo axiológico de Hall-Tonna (marco epistemológico e instrumental básico de nuestro trabajo con valores). Tales consideraciones sitúan la igualdad como algo necesariamente implícito o consecuente a otras palabras-valor: Derechos, Libertad, Justicia. Valores que coincido con García Manrique en considerar más relevantes y auténticos. 


TECNOLOGÍA DE VALORES

EQUIDAD / DERECHOS = Defender desde el punto de vista moral y ético, la igualdad legal y social de todas las personas.

IGUALDAD / LIBERACIÓN = Experimentar que uno tiene el mismo valor y derechos que los demás. Es la conciencia crítica del valor del ser humano.

JUSTICIA / ORDEN SOCIAL = Emprender actuaciones concretas para abordar, confrontar y corregir condiciones de desigualdad y opresión humana, con el fin de hacer presente y real el hecho de que todo ser humano tiene el mismo valor.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


Igualdad o igualdades

Y si la igualdad sólo es valiosa si es justa, y hay otras “igualdades” malas o irrelevantes, entonces ¿a qué viene tanto abuso del término “igualdad”?

Baste un botón de muestra: en Andalucía, comunidad donde resido, la estructura de gobierno (en manos de un mismo partido desde hace 35 años) ha estado contando con una macro-consejería que gestionaba dos de los cuatro pilares del Estado de Bienestar: Sanidad y Servicios Sociales; sin embargo su denominación venía siendo Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, simplificada -claro- para la población como “consejería de igualdad”. Parece que esa pregonada Igualdad fuese el primer y más importante objetivo de su gobernanza, separada de Sanidad y Servicios Sociales para mayor protagonismo, e incluso antepuesta a ellas.

Tal vez, como escribió González Faus, para ciertas facciones ideológicas este recurso constante al valor igualdad se haya convertido en tablón al que aferrarse en medio de “el naufragio de la izquierda“. Quizás sea un guiño -¿buenista o electoralista?- a aquello que Juan Manuel de Prada denominó “la igualdad de los resentidos”:

“El resentimiento, disfrazado de reclamación de igualdad adulterada (puesto que ya no es igualdad de origen, sino negación de los méritos personales de cada uno)”

Diversidad, más que Tolerancia

Frente a ese igualitarismo manipulado (y manipulador) parece que hayamos olvidado o perdido el sentido de otro valor. Un valor que a muchos nos parece menos irreal y más constructivo: la riqueza de la diversidad; evolucionada a partir de otro más básico y -por lo mismo- menos enriquecedor, como es unidad-uniformidad.

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

UNIDAD / UNIFORMIDAD = Potenciar la armonía y el acuerdo en una institución para lograr eficacia, orden, lealtad y conformidad con las normas establecidas.

UNIDAD / DIVERSIDAD = Reconocer y aceptar el enriquecimiento que supone el contar con diferentes puntos de vista y opiniones.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


En este país hace 40 años iniciamos una esforzada y eficaz pedagogía social para la recuperación de un valor al que llamábamos “tolerancia“. Pero parece que falsos igualitarismos (hembrismos, multiculturalismos y otros -ismos posmodernos) no hacen más que socavar precisamente esa diversidad que proclamábamos prioritaria. Quizás precisamente nos equivocamos en sobrevalorar aquella tolerancia…

Pues, en fin de cuentas, “tolerar” sin más ¿qué mérito tiene? El mayor conformista del mundo podría considerarse un perfecto tolerante. El peor de los relativismos, pese a su pobre ética, pasaría por prototipo de tolerancia. Por eso se me quedó grabada aquella reformulación que, años atrás, nos hacía el catedrático de Sociología Javier Elzo, proponiendo la denominación “tolerancia activa” si queríamos referirnos a un valor auténticamente relacionado con el respeto y la riqueza de la diversidad.

Igualdad

¿Y en la Educación?

Creo que en nuestro sistema educativo, en nuestras escuelas, tan sólo aparentamos tener muy en cuenta estos dilemas de la igualdad / diversidad. Pero no damos suficiente sentido a ninguna de tales palabras-valor, no sea que se contradigan; lo cual es muy probable. Ni las priorizamos adecuadamente, en cada caso, por miedo a lo políticamente correcto. Y esto nos crea no pocas confusiones y discusiones; por ejemplo cuando se trata de evaluar. La evaluación, asunto importante, pero tan sobrevalorado hace décadas como injustamente denostado en nuestra pedagogía posmoderna.

Pienso que ya va siendo hora de que nos esforcemos en superar nuestros estériles debates entre equidad y calidad. Y es tiempo de que aprendamos (de verdad) algo de ese aclamado sistema educativo finlandés, que ya hace décadas superó tal disyuntiva y  convirtió el asunto en un pacto de estado. Algo que aquí nos sigue pareciendo imposible de alcanzar.

Conclusión

En fin, que no me resigno a las “igualdades injustas” y la “tolerancia obligatoria en un mundo con tantas cosas intolerables” (Beatriz Villacañas). Por eso las discuto. Pero debo reconocer con cierta desesperanza que esto no es nada nuevo en nuestra España, donde llevamos siglos con vacíos discursos de falso igualitarismo: mal-igualando siempre por debajo, lo cual implica evidentemente un serio obstáculo para alcanzar la excelencia.

Por eso me resulta tan divertido y actual aquel famoso epigrama escrito hace 150 años por Manuel del Palacio. Por cierto, frecuentemente atribuido, no sé por qué, al argentino Padre Castellani. O, aún peor, a nuestro Lope de Vega:

«¡Igualdad!», oigo gritar / al jorobado Torroba.

y se me ocurre pensar:

¿Quiere verse sin joroba, / o nos quiere jorobar?

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