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OPINIÓN

Cultura organizacional y estrategia de fundraising

En el mundillo de las organizaciones se habla hoy mucho sobre el fundraising, sus dificultades y modelos de éxito. Para las organizaciones siempre ha sido importante tener (y actualizar) una estrategia de captación de fondos. Especialmente en esta última década de “crisis económica”.

Estrategias insuficientes

Pero son muchas las organizaciones cuyo balance económico no levanta cabeza, a pesar de emprender sucesivas campañas de marketing digital: web, redes sociales, mailing masivo… Y es que, sin duda, un fundraising eficaz no puede centrarse en la aplicación de recursos de la hoy tan afamada transformación digitalLa “digitosofía” (o “digitolatría”, que también pudiera ser) quizás sirva para el marketing de la gran banca, pero no tanto para una organización social.

Creo que para el marketing social y la captación de fondos de una organización sería mucho más esencial:

  1. Tener claramente definida la “causa” que se propone a socios, donantes y personal de la organización, buscando su compromiso con ella (aportación económica de unos y esfuerzo profesional de otros). Y concretarla y actualizarla periódicamente con objetivos específicos que continúen motivando sobre necesidades específicas.
  2. Centrar esfuerzos en la “cultura” de la organización, sus valores y sus creencias. Pero los auténticos, no los que la consultora nos puso en primera página del Plan Estratégico o en la Home de la web institucional. Para esto -claro- hay que mantener alguna forma de observatorio interno que permita el diagnóstico permanente y facilite así la adecuada intervención correctora.
Construyendo el Mundo
© RosaMariposa (licencia Creative Commons)

Creencias a revisar

Así que no estamos ya hablando de marketing (¿o sí?) sino de cultura organizacional. La cultura organizacional como respuesta para mejorar la captación de fondos. Sobre esto gira el artículo que comparto, de Florencia Gambetta, y que me permito resumir en este esquema:

  • Conseguir dinero es importante para la misión. Conviene buscar excedentes (que no es lucro) y aplicarlos en la mejora de los objetivos, no sólo en la ejecución de actividades.
  • El donante no es sólo una cuenta bancaria; hay que darle voz, mantenerlo informado e involucrarlo en la organización. Y fidelizarlo, como se haría con un cliente.
  • Atender las necesidades del personal es imprescindible para mantener su compromiso con la causa. La colaboración de cada empleado es esencial para una captación de fondos exitosa. Y también la de cada equipo de trabajo, la sinergia entre todas las áreas de la organización.
  • Se trata de «vender» nuestro proyecto, no de vendernos. Por eso hay que hacerlo con coherencia, pero también sin miedos ni prejuicios. No cansemos al «comprador» con abuso de palabras-mito y justificaciones éticas que nadie nos ha pedido.
  • El entorno cambia con rapidez, por lo que la organización debe estar permanentemente abierta al cuestionamiento interno. Se puede y se debe ir cambiando el mensaje, abrirse a nuevas ideas. Y hacerlo -eso sí- sin cambiar la esencia de la organización; porque si no, más que adaptarnos, estaríamos inventando otra nueva, y eso no suele gustar al donante.

Basado en: 6 creencias que atentan contra tu captación de fondos

Captar… con corazón

Por mucho que pudiera incomodarnos, una organización se sostiene sobre un balance económico positivo. Y éste se construye sobre algo más que el recurso constante a la tecnología como solución a todos los problemas. Ahora  y siempre, la más auténtica tecnología-punta ha sido y será la que se aplica desde y para la interacción humana. Una tecnología «del corazón», con la empatía y la comunicación como principales recursos. Y donde -cómo no- ha de seguir destacando el papel de las creencias y de los valores.

Propósitos, metas y planes

Se acerca el fin de año…

O mejor dicho, nosotros nos acercamos a él. En estas fechas, entre tantas seudo-obligaciones de celebraciones, compras, visitas, cocina, comilonas… (y sin dejar de trabajar más que unos pocos días) no encuentra uno tiempo ni para actualizar este blog. Pero he querido, al menos, dejar esta entrada con algunas breves reflexiones que tomo prestadas para reflexionar juntos (si usted quiere) sobre esa tradición, más que costumbre, de formular «los propósitos de Año Nuevo».

Empezamos con humor, aclarando el concepto mediante esta viñeta de Annie Taylor: 

angus&phil– ¿Qué son exactamente «propósitos de Año Nuevo»?

– Es una lista de cosas por hacer… para la primera semana de enero.

No me diga que ese can no tiene buena parte de razón… Bueno, tal vez llegue -usted o yo- hasta final del mes.

bridget_jones

También hacía bromas con ello la protagonista de aquella película «El diario de Bridget Jones». No hay más que ver esta imagen de una de las carteleras con que se anunciaba:

La lista de propósitos de Bridget incluía tópicos tan transitados como: dejar de fumar, dejar de beber, ir al gimnasio… También se ponía metafísica y se proponía alcanzar el equilibrio interior. Luego se centraba insistentemente en sus piernas… Pero acababa -y esto es lo que más me importa- proponiéndose «dejar de hacer listas» de propósitos. Cabría entender, claro, que para qué hacer propósitos que no iba a cumplir.

 

La oportunidad la pintan…

365 oportunidades

Sigo tirando de viñetas, pero ésta algo más seria. 

Aquí el dibujante Liniers, personificando al gatito, nos invita a construir nuestro nuevo año y no esperar a ver «qué nos trae». Nos invita a aprovechar al máximo, uno tras otro, todos y cada uno de los días del año como una nueva oportunidad para mejorar, para cambiar. 

Como estos autores, nosotros también criticamos con humor nuestros propósitos para Año Nuevo (que, probablemente, se repiten año tras año). Y también asumimos que el cumplimiento de tales metas, como de cualquiera otras, pasa por esforzarse en aprovechar la oportunidad de cada día.

Pero, claro, esto implica tener clara otra cuestión aún más importante: no se puede alcanzar una meta sin un plan de acción. Porque, como nos recordaba el autor de El Principito:

Una meta sin un plan es sólo un deseo.
(Antoine de Saint-Éxupery)

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

MISIÓN/METAS = Establecer objetivos y planificaciones a largo plazo, considerando las necesidades personales y la responsabilidad hacia la organización y la sociedad.

EFICACIA/PLANIFICACIÓN = Diseñar objetivos y actuaciones más eficaces y menos costosas, con el propósito de mejorar la calidad, la rentabilidad y el servicio.

LOGRO/ÉXITO = Conseguir algo – proyectos, actuaciones – digno de reconocimiento.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


 

Hazlo o no lo hagas… pero ten un plan

En este breve texto de fin de año he querido recordar, a quien quiera escuchar y a mí mismo, la importancia de trazar planes si de verdad queremos alcanzar algunas de nuestras metas. Porque el plan es más importante que el propósito

Y eso, afortunadamente, valdrá para todos y cada uno de los 365 días del año en ciernes. Así lo plasmó la FAD, no hace mucho, en este spot «Propósitos de año empezado»:

Valores ¿militares?

Aquel servicio militar obligatorio.

Reconozco que me sorprende escuchar que aún haya quien defienda la «mili» obligatoria y pretenda reimplantarla. Será porque yo la tuve que hacer ya con 27 años y con carrera de Medicina y doctorado en la mochila. Y porque sólo me sirvió para perder varios meses de mi vida y un contrato en la Universidad. Y porque afortunadamente mis hijos no han tenido que hacerla… y eso que se ahorraron.

Pues bien, hace unos días comentaban en la radio la noticia de que Suecia va a restablecer el servicio militar obligatorio a partir de 2018. El gobierno sueco quiere aumentar su capacidad defensiva ante la amenaza de Rusia en el Báltico. Y realmente esta decisión, al parecer con muchos apoyos, no sorprende demasiado, pues ya es la norma en toda Escandinavia, donde incluso se está impulsando la Alianza Atlántica en respuesta a la inestabilidad geopolítica y la amenaza de su vecina Rusia.

Pero lo que más me llamó la atención fue que, en aquel debate en la radio, los invitados se pusieron a discutir sobre la «mili» y sus posibles inconvenientes y beneficios, y la mayoría  coincidió en que servía para desarrollar, en los jóvenes, valores como: disciplina, esfuerzo, lealtad, compañerismo… Y bastó esto para que algún padre o abuelo rememorara con nostalgia «su» mili, trayendo a colación aquello de «¡qué bien les vendría a algunos jóvenes de ahora!».

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

DISCIPLINA = (Control, Orden) Tener pautas que permitan comportarse de acuerdo con las normas establecidas.

PERSEVERANCIA = Mantenerse constantes para conseguir lo comenzado, aun soportando con serenidad experiencias o situaciones difíciles o cambios repentinos y frustrantes.

LEALTAD = (Fidelidad) Respetar las promesas y cumplir con las obligaciones hacia la autoridad y hacia las personas cercanas.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


  

valores militares

Valores, sí, pero ¿militares?

Yo no pongo en cuestión esa posible influencia de la cultura militar sobre el desarrollo de los mencionados valores, aunque no generalizaría tal beneficio. Ni tampoco me sumaría a esos mostrencos que hoy cuestionan el ejército sin más argumento que un buenista e insustancial concepto de Paz. Pero me pregunto: si muchos -según afirman- echan de menos esos valores (algunos, claramente, valores repudiados); si de lo que se trata es de fomentar su recuperación, ¿por qué pensar en el ejército? ¿No sería mejor, de momento, promoverlos y reforzarlos en nuestras más básicas y bien aceptadas estructuras de socialización? Evidentemente, estoy hablando de Familia y Escuela.


No creo que nadie considere al ejército como un agente de socialización de primer orden. Y, sin duda, Escuela y Familia sí lo son. Luego ¿qué sentido tendría seguir confiando en la institución armada (con funciones sin duda más exclusivas) para el desarrollo de valores que son mucho mejor, y más pronto, transmitidos en los contextos de hogar y colegio…? Sin embargo, percibo en ese discurso un fenómeno de reacción a lo que algunos describen como «valores de derecha e ideas de izquierda».

Hemiplejía moral y cojera de valores

Pero -¡ay!- eso es lo que sucede cuando, sometidos a la ideología, nos empeñamos en simplificar la complejidad del ser humano y social, repartiéndolo todo (la conciencia, la ética, la cultura… ¡y hasta los jueces!) rígidamente entre dos contenedores: O «de izquierdas» o «de derechas». Una estupidez de la que ya nos alertó el gran Ortega y Gasset con su descriptivo «hemiplejía moral». Después, con la (auto)censura de lo-políticamente-correcto, en cada momento y lugar nos puede surgir la incongruencia entre aspirar al desarrollo de ciertos valores «de derechas» y luego ser incapaces de ejercerlos y transmitirlos porque sentimos que chocan con las que son (o deberían ser) nuestras ideas «de izquierda». Y lo mismo podría ser al revés, si se tratara de otro tema.

Disciplina y Esfuerzo son claro ejemplo de una «cojera de valores» que hemos podido comprobar empíricamente en nuestras intervenciones con familias, y ya presentamos en un artículo anterior. Una falta de competencia, casi discapacidad, que se nos presenta con frecuencia y puede limitar notablemente nuestra labor educativa en la Familia y en la Escuela. Y luego quizás alguien venga y pretenda arreglarlo con un servicio militar obligatorio, o algo peor que aún esté por inventar.

Competencia y competitividad

Malentendiendo el competir.

Me topé con ese reality show llamado «Sabotaje en la cocina» donde todo vale, cocinar bien o boicotear a los rivales. Viendo espectáculos tan patéticos como ese programa de televisión, se hace comprensible el creciente rechazo a la Competitividad… Pero es que americanadas como «Sabotaje en la cocina», u otras experiencias distorsionadoras, no deberían marcar nuestro sentido de las palabras-valor.

¿Usted qué cree?: COMPETENCIA y COMPETITIVIDAD ¿son o no valores?

Desde luego, si entendiésemos esas palabras con el sentido que ilustran estas viñetas de Eneko, no es de extrañar que abominásemos de ellas:

competitividad3 competitividad2 competitividad1

 

 

 

 

 

 

 

 

Rechazo moralista

Pero me pregunto quién y cómo decidió que desarrollar competencia(s) y competir deben ser considerados execrables rasgos capitalistas. Salvo para el fútbol, claro: en ese fenomenal negocio disfrazado de deporte sí que competir está bien visto por la mayoría, a veces hasta llegar a la violencia.

¿Más valores repudiados? ¿Por qué este empeño de las ideologías (y las religiones) en marcar jerarquías de valores?. Valores y jerarquías que, según ellas entienden, deben ser universales y radicales; repudiando todo aquello que excede sus cuadriculadas prioridades?

¿Qué tal si en vez de etiquetar ciertos valores, con esa supuesta autoridad moral (más bien la «hemiplejía moral» que criticaba Ortega) los redescubriésemos y revitalizásemos así, con un sentido más profundo y positivo?:


TECNOLOGÍA DE VALORES

COMPETENCIA = Tener seguridad en las propias destrezas para realizar una contribución positiva en el trabajo o a la sociedad.

COMPETITIVIDAD = Tener afán de superarse y de dar lo mejor de uno mismo en la profesión o en un área determinada.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002), Universidad de Deusto]


Éstas y otras palabras repudiadas

Quizás así devolveríamos el debido respeto a palabras-valor de tan larga tradición. Palabras que, formen o no parte de nuestro personal mapa de valores, merecen conservar su espacio sin ser repudiadas. Tal vez vistas así (sin puñalada, pisotón ni cachiporra) podríamos acercarnos con más libertad a su aceptación y desarrollo. Tal vez, incluso, así lleguen a parecernos tan respetables como otras palabras-valor (¿o son palabras-mito?) a menudo sobredimensionadas en nuestro actual contexto cultural. Por ejemplo, esa Tolerancia que, bien mirado, en un mundo tan lleno de situaciones intolerables, también podría ser uno de esos valores «discutibles y discutidos», en vez de ocupar tan altas posiciones en el ranking de la moral-políticamente-correcta.

Otro día trataremos de otros constructos muy ligados a estos que hoy traemos, y me temo que también bastante repudiados en ésta nuestra sociedad postmoderna: La Voluntad y el Esfuerzo. ¡Así nos va! ¿Alguien de ustedes los echa de menos… por ejemplo en la Educación?

Limitaciones y oportunidades

«Vivir intensamente es encontrar cada día una nueva inseguridad»

(Mauricio Wiesenthal)

limitaciones y oportunidades

Llega el nuevo año y una vez más, como al inicio de cada ciclo, volvemos a formular esos buenos propósitos: ir al gimnasio, aprender o mejorar nuestro inglés, leer más, jugar más, beber o comer menos…

También hay deseos más elevados para el año nuevo, es cierto. Pero muchos de ellos -el fin de la pobreza, el control del cambio climático o la paz mundial-  nos parecen poco vinculados a nuestras conductas. Esto no es tan cierto… pero sí que su resolución supera con mucho el marco temporal no ya de un año sino de toda nuestra vida.

El caso es que cada año por estas fechas arrecian los buenos propósitos. Y, como en aquel Día de la marmota de la película «Atrapado en el tiempo», parece que cada primero de enero nos damos una nueva oportunidad para repetir y mejorar nuestros comportamientos y experiencias.

Está bien; siempre será mejor tomar conciencia y reconocer nuestros errores e incumplimientos, en vez de ignorarlos, negarlos, encubrirlos o justificarlos. Con humildad, pero también con voluntad de esfuerzo; porque de esa combinación surgen actitudes que nos permiten:

  • conocernos mejor,
  • aceptarnos a nosotros mismos,
  • valorar nuestras fortalezas
  • e intentar mejorar nuestras debilidades.

» Para ser auténticos, debemos asumir el pasado (la parte de lo ya sido que nos ofrece posibilidades a los hombres del presente), y proyectar el futuro (la parte del porvenir que puede ser diseñado desde el presente)… Para desarrollarnos como personas, debemos aceptar el ser que tenemos, con todo cuanto implica. En vez de malgastar las energías en desear ser otra cosa, hemos de emplearlas en sacar pleno partido a las posibilidades de que disponemos con vistas a realizar el ideal que va implícito en nuestra realidad personal «

(Alfonso López Quintás en El libro de los valores)

viñeta limitaciones¿Debilidades u oportunidades?

Aceptar y aceptarse, sí pero con todas sus implicaciones; con autenticidad, sin aprovechar el reconocimiento de nuestro error o limitación como pretexto («es que yo soy así») para mantenernos en el confort y el conformismo, el inmovilismo o hasta la pereza.

Porque no debemos confundir nuestras limitaciones con nuestros miedos. La conciencia de nuestras limitaciones sólo puede ser fruto de un profundo conocimiento de nuestro ser y nuestra circunstancia. Y, bien mirado, constituyen el diagnóstico imprescindible para afrontar luego el cambio.

Como escuché en una canción: «Cambiar no es perder, ni perder es naufragar, ni naufragar es morir». Más rotundo había sido Confucio cuando dijo:

«Los únicos que no cambian son los sabios de primer orden… y los completamente idiotas»

 

Aceptación… y crecimiento

La Aceptación de nuestros errores y limitaciones puede considerarse un valor estrechamente vinculado a nuestras conductas, como todos los valores instrumentales o valores-medio. Y, por consiguiente, conectado a destrezas o habilidades que podemos, quizás debemos, desarrollar. Con humildad, valentía y sabiduría.

«… Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, Valor para cambiar las cosas que puedo cambiar, Sabiduría para reconocer la diferencia» (atribuida a Reinhold Niebuhr)

 

Esa triada virtuosa de Aceptación-Humildad-Esfuerzo genera actitudes de mejora continua muy necesarias en esta sociedad actual, tan dada a la inmediatez y el victimismo. Y creo que como educadores, padres o madres, líderes o directivos, haríamos bien en tenerla muy presente. Ahora porque comienza un año nuevo, y siempre porque cada día es una nueva oportunidad.

limitaciones y oportunidades

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

LIMITACIÓN / ACEPTACIÓN = Reconocer y aceptar nuestras limitaciones y potencialidades utilizando la capacidad de autocrítica. Implica conocer la realidad objetiva de que todas las personas tienen potencialidades y limitaciones.

LIMITACIÓN / DESARROLLO = Reconocer que para desarrollar el talento hay que conocer las propias limitaciones. Implica la actitud de afrontar incluso con humor las propias imperfecciones y aprender de los propios errores.

PERSEVERANCIA = Mantenerse constantes para conseguir lo comenzado, aun soportando con serenidad experiencias o situaciones difíciles o cambios repentinos y frustrantes.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


  

Conclusión

«Nadie nace hecho. Nos vamos haciendo poco a poco, en la práctica social en que tomamos parte», escribió Paulo Freire. Yo, por mi parte – lo he dicho muchas veces – quisiera seguir aprendiendo algo nuevo cada día… y así hasta que me llegue la muerte (ojalá que aún tarde mucho). E incluso en ese preciso momento, como decía un tío mío, aprenderé algo nuevo, porque… nunca antes me he muerto.

¿Y si alguien creyera que ya es sabio y maduro? Pues… ¡qué lástima! ¿Y a qué va a dedicar el resto de su vida?

Palabras-valor y palabras-mito

«Una de las características de nuestro tiempo es la tendencia, sin duda programada, a llenar de contenido absoluto ciertas palabras cuyo sentido, positivo o negativo, depende en gran medida de las circunstancias… Para conocer  a fondo una época  es necesario un estudio de las palabras que santifica y de las palabras que demoniza»  (B. Villacañas)

palabras-valor calle

Palabras-valor

Asistía a una conferencia de Federico Mayor Zaragoza (científico y político español, Director General de la UNESCO entre 1987-1999) y me resonó particularmente una idea: Estamos en una transición global en la que la fuerza de la ideología debe dejar paso a la fuerza de la palabra.

Yo estoy profundamente convencido del sentido y vigencia de las palabras-valor. Valores expresados a través de palabras con profunda carga emocional, palabras motivadoras y que amplían la conciencia. Así lo aprendimos con Freire y su palabra generadora, y es fundamento del marco epistemológico en que mejor me apoyo para hablar de valores: el modelo Hall-Tonna.

Pero, desafortunadamente, hace tiempo que el sectarismo ideológico contamina nuestro lenguaje con el germen de “lo políticamente correcto”. Y así llena sus discursos, sus enseñanzas, hasta sus leyes, de palabras que algún día significaron algún valor pero hoy apenas sabemos lo que significan, fruto de su abuso, sobrevaloración o tergiversación. Palabras manipuladas, al fin y al cabo, por eso que llaman “el poder ideológico”.

Palabras-mito

De este modo hemos llegado a perder el profundo significado de palabras como Solidaridad o Paz, tan sobadas en mítines y escuelas, en programas electorales y currículos educativos, que  conseguimos ablandarlas y vaciarlas de contenido auténtico. Por lo que ya apenas nos promueven emoción ni nos proporcionan Sentido.

Así también llegamos a experimentar la hipertrofia permanente de eso que llaman Tolerancia. Un valor que elevamos a primer orden en nuestra coyuntura histórica de la Transición, algo entonces incuestionable; pero que no hemos sabido reubicar en los márgenes, más ajustados, de la riqueza de la DiversidadComo dice Villacañas: «Vivimos en tiempos de tolerancia obligatoria» cuando «hay tantas cosas que son intolerables».

Otro procedimiento por el que palabras-valor se nos convierten en palabras-mito, vacías de sentido, es  la manipulación de unas jerarquías de valores pretendidamente incuestionables. Jerarquías en las que unos destacan obligadamente la Seguridad, otros la Libertad y otros (u otras) la Igualdad. Y… ¡ay de quien ose contradecirles! Hemiplejía moral atinó a llamarlo Ortega y Gasset.

Los mitos no educan

Pero no se construye la Paz hablando constantemente de esa paz grandilocuente que no parece ser más que Equilibrio, apenas un orden sin conflicto armado… Ni se educa para la Solidaridad manoseando continuamente el término, cual si creyéramos que resulta igualmente significativo para el preescolar que para el universitario. Son muchos los valores intermedios, instrumentales, valores auténticos y secuenciados que, adecuados a cada persona y en cada momento de su necesidad y madurez, se convierten en potentes motivadores: Respeto, Cuidado, Generosidad, Empatía, Colaboración, Equidad, Justicia, Dignidad… Son valores más pegados al terreno, realmente vinculados a la acción, que etapa a etapa, fase a fase, contribuyen eficazmente a ampliar la conciencia del individuo y a forjar con él y en su entorno esos grandes ideales de Paz y Solidaridad.

Aquí muestro, a modo ilustrativo, una propuesta para el desarrollo de valores, secuenciados por etapas evolutivas, en torno a estas dos grandes (y, por lo mismo, complejas y abstractas) categorías de valores: Paz y Solidaridad. Se trata de un mapa axiológico que, partiendo del mencionado Modelo Hall-Tonna, ofrece unos itinerarios de valores que, a mi entender, facilitan un auténtico proceso de educación o mejora personal. Y así lo hemos utilizado en diversas actuaciones con educadores (docentes, técnicos, padres y madres) en claves de coaching educativo:

 

Mejor con coherencia

Claro está que, para promover esos itinerarios, quien propone los valores –sea político, asesor, intelectual o educador- debe ser alguien convencido y dispuesto a ejercitarlos; como diría Freire, dispuesto a “corporeizar las palabras con el ejemplo”. Y, desafortunadamente, no es esto lo que más a menudo nos encontramos.

palabras-valor jardín

Yo recuerdo una anécdota personal de hace unos años, tan sencilla como impactante fue para mí:

Era sábado por la mañana. Volvíamos mi esposa y yo de hacer la compra semanal en el mercado. Yo empujaba el carrito de la compra, recién repleto. Al llegar a un estrechamiento de la acera, un grupo de 5 o 6 personas charlaban distraídamente ante la puerta de una clínica, bloqueándonos el paso. Un hombre con muletas acababa de dar un rodeo para poder entrar al centro sanitario; ahora una joven con un cochecito de bebé optaba por bajar dificultosamente a la calzada para poder seguir adelante, si bien pasó a mi lado murmurando acerca del grupo en cuestión, que seguía indiferente.

Yo no quise ser uno más en ceder y luego murmurar, así que decidí seguir por la acera reclamando asertivamente mi espacio de paso. No pretendí hacerlo con acritud, pero mi malestar fue en aumento cuando, mientras pasaba entre ellos, llegué a oír su conversación: El grupo estaba hablando acaloradamente acerca de la falta de solidaridad que percibían en una propuesta del gobierno… Era evidente que ni se les pasaba por la cabeza que ellos, en lo más fácil y próximo, no aplicaban solidaridad, ni siquiera empatía. Como dijo Eric Hoffer:

«Es más fácil amar a la humanidad en general que a tu vecino».

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

CONGRUENCIA = Expresar sentimientos y pensamientos de manera que lo que uno siente internamente sea lo mismo que lo que comunica externamente.

PALABRA = Comunicar verdades universales con tal claridad que el que escucha se haga consciente de sus limitaciones y experimente un nuevo sentido de sí mismo.

BÚSQUEDA DE SENTIDO (Esperanza) = Buscar y descubrir la propia individualidad y el sentido de la propia existencia. 

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002), Universidad de Deusto] 


 

Sin coherencia no hay Sentido

Dijo Freire que “la palabra verdadera transforma al mundo”. Pero también que “no hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre reflexión y acción”. Si en las supuestas palabras-valor no late la emoción, nos faltará el Sentido; pero si además falla la congruencia en la conducta –la acción– es que nunca hubo valor, tan sólo palabras.

Porque la coherencia no suele ser nuestro principal distintivo. Y porque las palabras-valor se nos han vuelto palabras-mito. Por eso propongo que para educar en valores deberíamos consensuar algunos itinerarios de valores operativos, con más congruencia y menos grandilocuencia. Valores (palabras-valor) más pegados al terreno, más vinculados a la acción, y menos influenciados por unos poderes ideológicos que siempre serán pasajeros.

Porque los Valores son nuestros horizontes de referencia, para el individuo y para la comunidad. Y parafraseando a Galeano: el horizonte sirve… para seguir caminando. Valores para que nuestro andar por este mundo tenga Sentido.

¿Igualdad o Diversidad?

«Cuando todos piensan igual es que ninguno está pensando» (Walter Lippmann)

Igualdad o Diversidad… ¿en qué quedamos?

Haceigualdad o diversidad unos días llegó a mis manos un artículo de Ricardo García Manrique, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Barcelona. No tengo costumbre de leer textos sobre materia jurídica, salvo cuando me los recomienda mi hijo, que es del gremio. Pero éste me llamó la atención desde el principio porque se refería a un asunto axiológico. Concretamente sobre el concepto de Igualdad.

He de reconocer que el término «igualdad» constituye para mí una inquietud constante. Porque forma parte de esas palabras-mito que considero sobrevaloradas, elevadas a un rango superior al que les corresponde. Un rango desde donde a menudo sirven como moneda de cambio a los poderes fácticos. Por eso mismo, ¿cómo iba a dejar de leer un trabajo que me llegaba presentado bajo el lema «La igualdad no es un valor»?

«La igualdad no es un valor»

Destaco el argumento para mí más significativo del artículo de GARCÍA MANRIQUE:

«A la hora de justificar axiológicamente normas, derechos o acciones […] debemos evitar el uso valorativo del término «igualdad» o, si lo seguimos usando, ser conscientes de que no designa un valor distinto del de la justicia o el de la libertad. De este modo, las propuestas políticas igualitaristas, como la que expresan los derechos sociales, resultarán mejor articuladas y más atractivas. […]

La igualdad que es valiosa es la que es justa, y sólo algunas igualdades lo son, luego es la justicia la que es valiosa y no la igualdad como tal, que puede ser buena, mala o irrelevante. […] Tampoco los derechos sociales presuponen un dilema entre la libertad y la igualdad que resuelvan a favor de la segunda, sino que presuponen un dilema entre la mucha libertad de unos y la poca libertad de otros, que resuelven distribuyéndola entre todos por igual».  La semántica confusa de la igualdad. DOXA, Cuadernos de Filosofía del Derecho, 33 (2010) pp. 591-624.


He de decir que de inmediato me sentí identificado con dicho argumento, totalmente congruente con las consideraciones sobre el concepto «igualdad» según el modelo axiológico de Hall-Tonna (marco epistemológico e instrumental básico de nuestro trabajo con valores). Tales consideraciones sitúan la igualdad como algo necesariamente implícito o consecuente a otras palabras-valor: Derechos, Libertad, Justicia. Valores que coincido con García Manrique en considerar más relevantes y auténticos. 


TECNOLOGÍA DE VALORES

EQUIDAD / DERECHOS = Defender desde el punto de vista moral y ético, la igualdad legal y social de todas las personas.

IGUALDAD / LIBERACIÓN = Experimentar que uno tiene el mismo valor y derechos que los demás. Es la conciencia crítica del valor del ser humano.

JUSTICIA / ORDEN SOCIAL = Emprender actuaciones concretas para abordar, confrontar y corregir condiciones de desigualdad y opresión humana, con el fin de hacer presente y real el hecho de que todo ser humano tiene el mismo valor.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


Igualdad o igualdades

Y si la igualdad sólo es valiosa si es justa, y hay otras «igualdades» malas o irrelevantes, entonces ¿a qué viene tanto abuso del término «igualdad»?

Baste un botón de muestra: en Andalucía, comunidad donde resido, la estructura de gobierno (en manos de un mismo partido desde hace 35 años) ha estado contando con una macro-consejería que gestionaba dos de los cuatro pilares del Estado de Bienestar: Sanidad y Servicios Sociales; sin embargo su denominación venía siendo Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, simplificada -claro- para la población como «consejería de igualdad». Parece que esa pregonada Igualdad fuese el primer y más importante objetivo de su gobernanza, separada de Sanidad y Servicios Sociales para mayor protagonismo, e incluso antepuesta a ellas.

Tal vez, como escribió González Faus, para ciertas facciones ideológicas este recurso constante al valor igualdad se haya convertido en tablón al que aferrarse en medio de «el naufragio de la izquierda«. Quizás sea un guiño -¿buenista o electoralista?- a aquello que Juan Manuel de Prada denominó «la igualdad de los resentidos»:

«El resentimiento, disfrazado de reclamación de igualdad adulterada (puesto que ya no es igualdad de origen, sino negación de los méritos personales de cada uno)»

Diversidad, más que Tolerancia

Frente a ese igualitarismo manipulado (y manipulador) parece que hayamos olvidado o perdido el sentido de otro valor. Un valor que a muchos nos parece menos irreal y más constructivo: la riqueza de la diversidad; evolucionada a partir de otro más básico y -por lo mismo- menos enriquecedor, como es unidad-uniformidad.

 


TECNOLOGÍA DE VALORES

UNIDAD / UNIFORMIDAD = Potenciar la armonía y el acuerdo en una institución para lograr eficacia, orden, lealtad y conformidad con las normas establecidas.

UNIDAD / DIVERSIDAD = Reconocer y aceptar el enriquecimiento que supone el contar con diferentes puntos de vista y opiniones.

[definiciones cortas originales del modelo Hall-Tonna, según adaptación de Elexpuru y cols. (2002) Universidad de Deusto] 


En este país hace 40 años iniciamos una esforzada y eficaz pedagogía social para la recuperación de un valor al que llamábamos «tolerancia«. Pero parece que falsos igualitarismos (hembrismos, multiculturalismos y otros -ismos posmodernos) no hacen más que socavar precisamente esa diversidad que proclamábamos prioritaria. Quizás precisamente nos equivocamos en sobrevalorar aquella tolerancia…

Pues, en fin de cuentas, «tolerar» sin más ¿qué mérito tiene? El mayor conformista del mundo podría considerarse un perfecto tolerante. El peor de los relativismos, pese a su pobre ética, pasaría por prototipo de tolerancia. Por eso se me quedó grabada aquella reformulación que, años atrás, nos hacía el catedrático de Sociología Javier Elzo, proponiendo la denominación «tolerancia activa» si queríamos referirnos a un valor auténticamente relacionado con el respeto y la riqueza de la diversidad.

Igualdad

¿Y en la Educación?

Creo que en nuestro sistema educativo, en nuestras escuelas, tan sólo aparentamos tener muy en cuenta estos dilemas de la igualdad / diversidad. Pero no damos suficiente sentido a ninguna de tales palabras-valor, no sea que se contradigan; lo cual es muy probable. Ni las priorizamos adecuadamente, en cada caso, por miedo a lo políticamente correcto. Y esto nos crea no pocas confusiones y discusiones; por ejemplo cuando se trata de evaluar. La evaluación, asunto importante, pero tan sobrevalorado hace décadas como injustamente denostado en nuestra pedagogía posmoderna.

Pienso que ya va siendo hora de que nos esforcemos en superar nuestros estériles debates entre equidad y calidad. Y es tiempo de que aprendamos (de verdad) algo de ese aclamado sistema educativo finlandés, que ya hace décadas superó tal disyuntiva y  convirtió el asunto en un pacto de estado. Algo que aquí nos sigue pareciendo imposible de alcanzar.

Conclusión

En fin, que no me resigno a las «igualdades injustas» y la «tolerancia obligatoria en un mundo con tantas cosas intolerables» (Beatriz Villacañas). Por eso las discuto. Pero debo reconocer con cierta desesperanza que esto no es nada nuevo en nuestra España, donde llevamos siglos con vacíos discursos de falso igualitarismo: mal-igualando siempre por debajo, lo cual implica evidentemente un serio obstáculo para alcanzar la excelencia.

Por eso me resulta tan divertido y actual aquel famoso epigrama escrito hace 150 años por Manuel del Palacio. Por cierto, frecuentemente atribuido, no sé por qué, al argentino Padre Castellani. O, aún peor, a nuestro Lope de Vega:

«¡Igualdad!», oigo gritar / al jorobado Torroba.

y se me ocurre pensar:

¿Quiere verse sin joroba, / o nos quiere jorobar?