Mezcla desordenada de cosas inconexas.

batiburrilloAsí define el Diccionario el término “batiburrillo”, como reza el título de este párrafo. Y eso es lo que, lamentablemente, me parece que hacemos a menudo cuando hablamos del concepto “valor”. Ya hicimos anteriormente alguna referencia a lo difícil que viene resultando  hacerse entender cuando hablamos de “valores” (La ambigüedad del concepto valor). Y esto nos ocurre igualmente en contextos coloquiales como en ciertos círculos profesionales.

Y hoy no cabe decir que el concepto no esté ya suficientemente clarificado… Yo suelo siempre recomendar, en nuestro contexto hispano, dos libritos que, ya a mediados del pasado siglo, abordaban y desmenuzaban el concepto “valor” con gran rigor y sin gran complejidad. Y, afortunadamente, tan libres de “psicología barata” como de politiquería innecesaria (que enturbian a menudo nuestra sociología hispana). Me refiero a:

Más allá de los clásicos

El batiburrillo que ahora comentamos va más allá de las más clásicas confusiones que ya hemos comentado en otras ocasiones. Más allá de las típicas mescolanzas entre los conceptos valores y virtudes que, tantos siglos después de Aristóteles, aplican un reduccionismo hoy poco admisible fuera de algunas perspectivas religiosas.

Quizás de ahí emana un concepto confuso y hasta peligroso: contravalores. Hoy pocos son quienes creen que existan “valores malos o negativos” o  contravalores. Más bien se trataría de detectar la presencia o ausencia de los diversos valores y la jerarquización entre ellos; claro que, para eso, sería necesario utilizar un instrumento de diagnóstico riguroso y validado. El propio Scheler, probable creador del término “contravalor”, lo desechó posteriormente. ¿Acaso creemos que alguien pueda tener como ideales de su vida la In-Justicia, la I-Responsabilidad o la Des-Igualdad?  Cosa bien distinta es que haya personas que no incluyan en su “lista de valores” alguno o algunos de estos tres – Justicia, Responsabilidad, Igualdad – y/o que  los tengan subordinados a otros valores bastante menos prosociales, como pudieran ser: Seguridad, Economía o Placer sensorial

Observamos confusión más allá, también, de las ya clásicas dialécticas entre valores objetivos y valores subjetivos, que aún hoy siguen haciendo discutir acerca del valor como algo deseable o algo deseado. El caso es que no nos resulta fácil tratar sobre valores sin que algún interlocutor caiga en confusiones “piadosas”, mientras otros pretendan repudiar el concepto desde el pseudo-progresismo de lo-políticamente-correcto. Unos y otros acaban desprestigiando el concepto por simple ignorancia; aunque los segundos me parecen más peligrosos, pues lo hacen pretenciosamente, incluso a veces con rango académico.

La variedad enriquece, pero también confunde

También sucede que hay modelos axiológicos con 3 categorías de valores (triaxial de Dolan), otros con 10 (Schwartz) y los hay con decenas de categorías (Hall & Tonna). Esta variedad no importa si en cada caso el modelo es consistente y se ha validado adecuadamente; y mejor si la validación fue transcultural o multicultural. 

Los hay que incluyen (y, normalmente, definen) 10 valores, 36 (Rokeach), 51 (Dolan) o 125 (Hall-Tonna). Esto tampoco debería ser un problema si cada profesional, en cada ocasión, conoce y aplica uno de esos modelos con cierto rigor y sin entrar en mezclas a conveniencia.

Pero sí es cierto que esto nos muestra un amplio margen de consideración acerca de qué es y qué no es un valor… Y esto es quizás causa fundamental de ese batiburrillo en torno a los valores, que genera desde hace décadas debates públicos y privados acerca de si “algo” debe o no considerarse un valor. Así, seriamente, lo venimos presenciando en torno a conceptos como Amor, Libertad o Felicidad, considerados o no como valores según el modelo con el que cada cual trabaja. Y sin duda se trata de una dialéctica enriquecedora; aquí no hay incongruencia, sino enriquecimiento conceptual.

La ignorancia osada

Pero, un paso más allá, el batiburrillo crece y se amplia cuando alguien se acerca a estos asuntos axiológicos sin ser consciente de su propia limitación, cuando no desconocimiento. Y entonces, utiliza el concepto “valores” como si fuera un cajón de sastre donde cabe cualquier palabra que represente alguna abstracción bien valorada en su contexto actual; o sea, políticamente correcta y/o aplaudida por la audiencia.

Así los hay que obsequian al mundo con perlas como las siguientes, un puñado al azar entre cientos de ejemplos bien fáciles de encontrar en Twitter:

…Cuán bien representa los valores de la incitación al antisemitismo tal cual dice el fallo en el que fue procesado.

Qué tristeza los pocos valores de la gente hoy en día, que un día te dicen mejor amiga y otro día te maltratan!

Qué lindas son las personas sencillas y con muchísimos valores!

…Para seguir compartiendo con todos los valores positivos y beneficios reales que el turismo puede representar”.

Otras propuestas confusas y difusas

Pero incluso en niveles técnicos de mayor rango, mucho más serios que un usuario de Twitter, encontramos confusiones que nos aturden a los propios técnicos y pudieran colaborar en la confusión de la que hablamos. Sirvan de ejemplo estas cuatro “patologías” ilustradas con ejemplos recientes:

Confusión de actitudes con valores:

En el Modelo Triaxial de Dolan (que, por lo demás, admiro y en ocasiones aplico) se incluye Puntualidad entre sus  51 valores. Dicen que es fruto de la validación del modelo en culturas orientales como China o Japón. Me da a mí que en realidad el valor al que se refieren es más bien Responsabilidad o Respeto, o una mezcla de ambos. Dos metas de conducta que, sin duda, no suelen tener muy en cuenta esas personas impuntuales recalcitrantes que todos conocemos.

Confusión entre valores y emociones:

Desde muchos años antes de mi vinculación a la FAD, guardo, uso y recomiendo sus guías y fichas didácticas sobre Cine y Educación en Valores, cada una en torno a una película. Pero en cualquier línea de excelencia puede encontrarse un bache. Y así me encontré en los materiales didácticos de Atrapa la bandera que bien poco se refieren a valores sino más bien todo gira en torno al reconocimiento de emociones. Lo cual tampoco está mal, aunque tiende a confundir… si no fuera porque además, bajo el epígrafe de “Las emociones” se mezclan conceptos nada “emocionales”, mucho más claramente asumibles como valores: Aceptación, Perseverancia, Misión

Sustracción de valores validados:

En algunas aplicaciones o adaptaciones de instrumentos axiológicos (en este caso, del Modelo de Hall-Tonna) hechas en España, se tiende a la eliminación de valores como Honor o Patriotismo, que forman parte de los 125 valores del modelo. Es cierto que en los cientos de personas a quienes hemos pasado en España el inventario de valores de Hall-Tonna, que incluía estos dos, no recuerdo que nunca nadie los haya elegido entre sus 20 prioridades. Pero, siendo rigurosos, esto no debería llevarnos a su eliminación de modelos e instrumentos ya validados multiculturalmente.

Adición de neo-valores:

Y del mismo modo que se restan, se suman. Así, es hoy bastante común la incorporación, incluso en estudios de alto nivel académico, de “valores” como Interculturalidad o Igualdad de género, como si su potente activación en discursos políticos hiciera necesario segregarlos abiertamente de sus respectivos Diversidad/Tolerancia e Igualdad/Equidad. Son esas palabras-valor mitificadas en nuestro contexto actual, de las que ya hablamos en un artículo anterior.

En definitiva: pienso que todos deberíamos ser más cuidadosos y exigentes en la utilización del concepto “valor”. Desde el ciudadano de a pie en su coloquio en la calle, hasta el investigador social o el profesor universitario en sus tesis y discursos académicos. Aunque, sobra decirlo, es mucho mayor la responsabilidad de estos segundos y, por ende, la de nosotros, los técnicos que usamos y abusamos del término, no siempre con el debido respeto o suficiente rigor.

 

 

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