La ambigüedad del concepto Valor

Identifique sus valoresCuando me implico en un diálogo o interacción de cualquier tipo en torno al concepto “valor” observo que raramente hablamos de un mismo asunto.

Sea en una reunión de amigos o en el ámbito profesional. Sea en un diálogo presencial o en un entorno virtual como las redes sociales. En todo caso resulta evidente que unos y otros nos referimos de forma bien diferente a ese objeto de conocimiento que denominamos valores.

Y lo más preocupante, según percibo, es que predominan las posiciones extremas. Están los más piadosos, que abordan los valores como estrechamente unidos a las virtudes. Cual si nada hubiésemos aprendido desde Aristóteles. Y también esos nuevos gestores y coachs que cosifican los valores y los tratan más bien como estrategias para la mejora de la producción. Acaso los confunden con aquellos otros valores económico-financieros o bursátiles… Por no hablar del uso que les dan los políticos, en los que cualquier manipulación desde el lenguaje ya apenas nos sorprende.

¿Qué dice la Filosofía?

En esos momentos -nunca pensé que diría esto- echo de menos a los filósofos. Sí, porque me pregunto qué dicen ellos hoy acerca de este asunto de los valores, tan específicamente humano. O peor: ¿por qué dicen tan poco? ¿Por qué parece que han dado la espalda a estas cuestiones, dejándolas confusas e imprecisas, al albur de lo que cada grupo ideológico o profesional quiera dar a entender o representar con el concepto “valor”?

Me viene a la mente (y recupero en una vieja ficha de lectura) aquel párrafo con que ya hace un par de décadas nos alertaba López Quintás en El conocimiento de los valores:

Los valores son vertientes de la realidad ambiguas por naturaleza, carentes de contornos definidos, rebosantes de dimensiones y, como tales, muy difíciles de reducir a un estudio analítico preciso y riguroso. Si no se dispone de una idea clara acerca de los modos diversos de rigor y precisión intelectual que son posibles en el conocimiento de los diferentes modos de realidad, se corre el riesgo de pensar que es inviable el logro de un lenguaje filosófico suficientemente aquilatado acerca de los valores. De hecho, no es infrecuente que los pensadores, al tratar esta cuestión, utilicen modos expresivos más propios -a primera vista- de la creación poética o de la literatura piadosa que de una investigación filosófica. LÓPEZ QUINTÁS  (1992)

Y es que en el fondo de este asunto late una vieja dialéctica de la Axiología, entre objetivismo y subjetivismo. Un debate que de nuevo resulta urgente revisar, dada la revitalización que parece estar tomando la referencia a los valores. En materias y entornos tan diversos que van desde la Pedagogía a la Política, desde la Psicología al Management.

Dialéctica objetivismo-subjetivismo

Tomemos por ejemplo la Educación en Valores y entenderemos mejor cuán urgente es discernir conceptual y metodológicamente qué es lo que debemos promover. Si es una formación con origen en unos valores considerados objetivos o “universales”, donde se da prioridad a las virtudes y derechos humanos. O bien afirmamos que los valores son fruto de una experiencia personal de vida y, por lo tanto, son subjetivos… ¿O, quizás, en esta materia ambas corrientes deban tenerse en cuenta?

A mediados del siglo pasado, en la propuesta y defensa del objetivismo aplicado a la Axiología encontramos a Kohlberg. Fue gran impulsor de la educación moral, situado en la corriente piagetiana, que privilegia el papel del juicio en el desarrollo moral. No nos cabe duda de sus grandes aportaciones, como el análisis de estándares objetivos y elecciones éticas en clave evolutiva. Pero se dice que su punto de partida reduccionista condujo a metodologías inadecuadas. Y que aún hoy sigue contaminando, particularmente en ámbito educativo, el abordaje de los valores. Cuestionado por conceptualizaciones y estrategias que a menudo parecen más próximas al dogmatismo y al adoctrinamiento que a un auténtico sentido del desarrollo.

En el otro polo se sitúa el subjetivismo axiológico. Presente a fines del XIX, con Meinong y Efherels y sus dialécticas sobre el deseo y el agrado. Resurgió en los años 60 con el Movimiento de Clarificación de Valores. Este movimiento se oponía a las técnicas anteriores de inculcación de valores humanos. En contraposición a aquello, que consideraban adoctrinamiento, Raths, Harmin & Simon niegan que existan unos valores mejores que otros y proponen que cada individuo es libre de elegir sus propios valores, cualesquiera que estos sean. Ellos describen esta elección a través de un proceso esquematizado en: optar, preferir y adherirse a un sistema de valores. Sus técnicas, abundantemente utilizadas en medios educativos, han sido cuestionadas como ineficaces por su falta de objetivo. E incluso se considera que su aplicación indiscriminada puede alimentar un relativismo que resulte demoledor en la Ética.

Superando la dialéctica

En conclusión, el objetivismo tradicional por reduccionista y el subjetivismo por relativista conducen a metodologías ineficaces. Y con el riesgo mayor de acabar al servicio de presiones ideológicas. Y la falta de una metodología adecuada al objeto de conocimiento “valores”, hace pendular ineficazmente entre objetivismo y subjetivismo.Evolución modelos axiológicos

Pero en el fondo nos parece que se halla una deficiencia importante, que viene marcando históricamente el abordaje de los valores. Precisamente por tratarse de una de esas realidades más específicamente humanas, de las que tanto hablaron Maslow y RogersRealidades vinculadas a procesos creadores y dialógicos, fruto del encuentro entre el Hombre y su entorno. Realidades relacionales, en las que “lo real” no se opone a “lo ideal”, y en las que lo objetivo y lo subjetivo se entrecruzan. Jaspers y Marcel las denominaron “realidades inobjetivas” y para López Quintás son “realidades ambitales”.

El modelo de Hall y Tonna

Por eso nos parece tan importante contar con metodologías validadas y que, construidas sobre el trabajo precedente de pensadores e investigadores, incorporen ambas dimensiones: objetiva y subjetiva. Para así lograr un enfoque comprensivo de una realidad, más que ambigua, “relacional” (y por ello profundamente humana). Para abordar con rigor la identificación, evaluación y análisis de los valores. Creemos que eso hace posible trabajar con rigor profesional para el desarrollo personal o corporativo basado en los valores. Y elaborar propuestas para la mejora continua y resolución de crisis. Propuestas que luego, en función de la experiencia y técnicas del profesional, pueden enfocarse desde la educación, clínica, coaching, gestión organizacional o desarrollo de liderazgo.

Nuestra búsqueda nos condujo (porque nada es mero azar) a conocer el modelo de Hall-Tonna. Evolucionado a partir de modelos anteriores que intentaron dar explicación a qué son los valores y cómo influyen en la conducta humana. Constituye un modelo de valores integrador, de corte evolutivo, dinámico y sistémico. Un modelo construido bajo la influencia de hasta 47 teorías de desarrollo. Desde las fuentes clásicas aristotélicas, más próximas a las Virtudes. Hasta el pensamiento de Freire, que vincula de forma dinámica lenguaje con desarrollo cultural, social e institucional. Y con especial fundamento en los modelos de Maslow y de Rokeach, que coinciden en considerar ambas dimensiones -objetiva y subjetiva- como parte de una misma y compleja realidad.

Los valores como…

…Ideales que dan respuesta a nuestras necesidades y sentido a nuestras vidas. Se expresan a través de las prioridades que elegimos y se reflejan en nuestras decisiones, comportamientos y actitudes.


Enlaces de referencia (en español) sobre el modelo y metodología de Hall-Tonna:

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